Un llamado a la reflexión. https://laprensa.com.ec

Un llamado a la reflexión. La dura realidad que afronta la capitalina “Carita de Dios” nos debe poner en alerta máxima, y más aún después de la lacerante realidad que afrontó el “Puerto Principal del Ecuador”, toda vez que el nuevo coronavirus, parece, aún no tiene la más mínima intención de irse de tierras ecuatorianas y, es más, su accionar destructivo sigue avanzando y haciendo mella en donde se instala, siendo de estricta justicia el anotar que mucha de la culpa la tiene buena parte de la misma ciudadanía que, de manera irresponsable, hace caso omiso a las recomendaciones dadas por los expertos en la materia de prevención, así como los funcionarios de Estado.

Y, es más, parece que el criterio generalizado es que por estos lares ya está todo superado, al punto que las “citas clandestinas con el alcohol”, los encuentros de ecuavóley y fulbito entre amigos y conocidos e incluso las típicas vueltas por “La avenida”, así como otras actividades irresponsables, son más importantes que la lucha seria contra el Covid-19, y eso es muy malo, toda vez que nos hace vulnerables, muy vulnerables.

En este contexto, fue muy triste conocer que el Asilo de Ancianos del hermano cantón Penipe, la “Tierra de la Solidaridad”, registra un número importante de contagios de personas vulnerables que requieren la atención urgente de los responsables de las entidades llamadas a velar por la salud de la población, por lo que no debemos bajar la guardia ni salir de las trincheras más que cuando en verdad sea necesario.

Nunca debemos olvidar que un partido termina solo cuando el árbitro da el pitazo final y, hasta tanto, debemos seguir haciendo lo que nos corresponde, so pena de perderlo. Todavía no es tiempo de darnos “licencias” que no corresponden, pues, la lucha está aún lejos de terminar. Es verdad que ante las situaciones adversas debe primar el optimismo, pero, no es menos cierto que muchas veces el exceso de confianza hace que no actuemos centrados y seamos presa fácil de lo que luego llamamos “malaya suerte”. En nosotros está el superar o caer. .

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