Solo la honestidad recuperará la institucionalidad estatal. https://laprensa.com.ec
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Honestidad: Sin duda, hemos tocado fondo en materia de bochorno, desparpajo y delincuencia organizada en diversos niveles, todos llamados a dar funcionalidad y ejecutividad a la Nación, al punto que la incredulidad ciudadana y la falta de confianza en la institucionalidad del Estado está en la palestra, y no precisamente porque ésta sea mala o deficiente, sino porque varios de quienes han accedido a la misma en calidad de funcionarios, sobre todo en los últimos tiempos, han entrado con agenda preestablecida y consigna, es decir, a cumplir un rol en específico, el mismo que debía ejecutarse a rajatabla, so pena de perder la “inversión” y, por consiguiente, el puestito.

Y en este aspecto es de destacar que toda aspiración personal o familiar es libre y digna, claro está, si la misma está apegada a la legitimidad y accesos que solo otorgan la verdadera meritocracia, pero no esa que regala cursos para sacar cartones en un año con aval institucional cuando ya se está adentro, o para recuperar la “inversión” hecha en campaña a través de contribuciones en efectivo, banderas, pintura, camisetas y más; o el “tradicional palanqueo” que distribuye cargos como herencia familiar, por el cual “estirpes” se perennizan en los mismos.

Aunque sus intérpretes no sepan ni ponerse una corbata o amarrarse bien los zapatos; o todo tipo de componenda o ardid que cierra filas a la capacidad de quienes se “queman las pestañas” día a día con el sueño de forjarse un futuro digno y ser útiles a la sociedad, pero que, por lo general, casi nunca tienen oportunidades porque los accesos a las mismas ya están copados a punta de “reservaciones” … lo que se refleja en el estado calamitoso de crisis que vivimos y, lo peor, sin visos de solución.

Los tiempos actuales exigen que sea imperativo un mea culpa colectivo, un baño de honestidad y, sobre todo, la decisión política de tomar correctivos y enmendar, pues, de no ser así, corremos el riesgo de seguir la suerte de otrora grandes naciones que hoy se han convertido en fábricas de miseria y fuentes inagotables de migración. .

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