Se debe volver a Leonidas Proaño

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Volviendo la vista atrás se puede evidenciar que el problema de la alfabetización indígena data de mucho tiempo. Así, se lo podría catalogar como un problema estructural y que, con el pasar del tiempo, ya no se lo puede pasar por alto. Por la década de los 60 – 70 hubo una propuesta “innovadora” e “insurgente” en Chimborazo, y ésta vino de la mano de monseñor Leonidas Proaño. Este proyecto, Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador, contribuyó al proceso de alfabetización de las comunidades indígenas de trece provincias del Ecuador. La propuesta de la tele-educación fue lo que llevó a Proaño Villalba a ser estudiando como un periodista, comunicador, y científico social. Julio Bravo, director de la carrera de comunicación social, habla sobre estos procesos y lo que aportaría volver a los trabajos del “Obispo de los Indios” para atacar el analfabetismo en Chimborazo. Se debe volver a Leonidas Proaño.

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¿Cuál sería el papel de la academia respecto a los datos sobre el analfabetismo en Chimborazo?
El aporte vendría de las carreras que tienen dos especializaciones: las asignaturas de educación y de comunicación; las dos no pueden separarse de asumir un rol protagónico. Chimborazo no puede ser postergada, nunca más, por estos porcentajes de analfabetismo. Entonces, se necesitan políticas claras, que desde la universidad orienten el enseñar a leer y a escribir a la gente que lo necesita. Quizás hoy no solamente es el tema de los niños, de los jóvenes, sino también de los adultos. Contrariamente, en Chimborazo se esperó a la inversa, o se empezó al revés, es decir, primero con los adultos y con buenos resultados; entonces, esa es la misión.

Cuando Leonidas Proaño llegó a Chimborazo… ¿con qué se encontró?
La realidad era de postración, de marginación, de exclusión, de atraso; el indígena ni siquiera tenía la categoría de ser humano, cuando Proaño llegó a la provincia, peor en Ecuador, no se diga en Latinoamérica. Él organiza, siendo obispo en 1954, su primera decisión, y ésta es la misión católica que recorrió toda la Diócesis. Antes se llamaba la Diócesis de Bolívar, porque comprendió Chimborazo y esta otra provincia, luego hubo una escisión y se quedaron separadas las dos provincias; pero, cuando él recorrió todos los rincones, como dicen hoy, alegremente, bajó a territorio, se dio cuenta que esa realidad necesitaba un proyecto. Y el primer documento oficial que se publicó en Revista Mensaje, que daba cuenta a la intervención se llamaba: “Plan para incorporar al indio a la vida civilizada”… el título es brutal y muy duro.

Cuéntenos, ¿qué involucraba este plan?
Lógicamente, tenía como eje transversal a la educación, Y si era la educación buscaba lo formal y lo informal. En lo informal se encontraban las asambleas, las minkas, entre otras estrategias; pero, lo formal era el sistema de alfabetización. Entonces, él se enteró porque iba y venía de las asambleas de obispos, iba a Europa, y sabía lo que estaba pasando. Proaño era un “tipo de mundo”. Y, finalmente, se enteró que en Colombia había Radio Sutatenza, la que impulsaba un programa de educación para adultos. Entonces, primero envió una comitiva a mirar cómo funcionaba. Luego se fue él, personalmente, a verificar si funcionaba. Cuando se convenció que esa era la opción para sacar de la postración, —y claro que tuvo razón— a los indígenas ecuatorianos, creó Escuelas Radiofónicas Populares del Ecuador.

¿Nos explica cómo era el proceso de enseñanza – aprendizaje en ERPE?
Primero había un equipo de educadores, ellos se encargaban de las cuatro asignaturas fundamentales, a saber: Matemática, Lenguaje Nacional —que ahora es Gramática— Ciencias Sociales y Ciencias Naturales, entonces, ese equipo producía los guiones, se los tipeaba y se buscaba los locutores, que no eran indígenas, pero los auxiliares educativos lo eran. También había una cartelera, porque de la mano de Escuelas Radiofónicas se montó una imprenta, y a través de ella se armaban guías, carteleras, todo el material didáctico necesario para el proceso de alfabetización. Aquí viene la visión que tuvo Leonidas Proaño. Para mí fue un comunicador y un científico social. Entonces, el siguiente paso: auxiliares educativos, para que sean ellos, a través de un receptor en las sacristías, iglesias, casas comunales o en cualquier sala de los barrios marginales o en el campo, y ahí se den las clases. Y, con una mesita, las guías, lápices, colores… tenían para que aprendan a escribir y a leer.

¿Cómo habría sido ese llegar a la gente?

Las pruebas tenían una particularidad, que se los rendía en medio de un festival de música, de danza, de pintura, y en el receso daban las evaluaciones.

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