La violencia de género es cíclica

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Ser víctima de violencia de género trae consigo muchos problemas, entre ellos cuadros clínicos a nivel psicológico. Daned Rodríguez, psicóloga, habla sobre el ciclo de la violencia de género, sus consecuencias, el tratamiento en casos clínicos y el agresor. La violencia de género es cíclica

¿Usted ha tratado casos de pacientes que han sufrido algún tipo de violencia de género?
Sí, me resulta triste y complejo, porque la violencia de género no discrimina estratos sociales, edades y mucho menos género. Es una problemática que está muy presente en nuestra sociedad, y que afecta de forma increíble a la salud mental mediante el desarrollo de cuadros clínicos en estas víctimas, que afectan de forma significativa las vidas de estas personas y de sus entornos.

¿Cree que la violencia de género en muchos de los pacientes ya se ha normalizado?
Por supuesto, de hecho, para abordar esta respuesta es necesario que se conozca del ciclo de la violencia. Este ciclo de la violencia está compuesto por 3 fases: la primera es la de acumulación de tensión que se manifiesta con el descontento por ‘x/y’ razón del agresor, seguida de la explosión violenta, que es cuando la agresión se materializa, por lo general en esta fase las víctimas consideran el salir de esa relación e incluso del espacio físico que se comparte con el agresor. La siguiente fase es la ‘luna de miel’, que consiste en que el agresor convence a la víctima de que aquello no se repetirá, por lo que se retorna a una fase de aparente calma, ante la espera que el ciclo se repita. En este proceso la violencia se puede llegar a normalizar dentro del entorno.

¿Cuáles son las consecuencias en pacientes que han sufrido de violencia de género?
Las consecuencias se dan en diversos aspectos, y éstas pueden ser físicas y psicológicas; dentro de las físicas podemos mencionar lesiones, abortos, enfermedades de transmisión sexual, e incluso la muerte en los niveles más graves. A nivel psicológico hay múltiples consecuencias, como es la de pérdida del autoestima en la víctima, es incluso aquello en lo que los agresores se enfocan con el objetivo de que este recurso ya no esté disponible y crean que no pueden salir de estos entornos de violencia. Asimismo, dentro de la práctica profesional se observa cuadros de ansiedad, depresión, trastornos del sueño, trastornos alimenticios y estrés postraumático, que no permite un desenvolvimiento pleno o normal en el diario vivir.

¿Cómo funciona la mente de un agresor cuando se trata de violencia de género?
Las personas agresoras tienen características en común, no es una norma, por lo que puede variar en diferentes casos. Cabe mencionar que, como seres humanos, estamos atravesados por aspectos socioculturales, familiares y genéticos, que pueden influir en el reforzamiento de ciertas actitudes. Estas personas, por lo general, se aseguran de cuidar la imagen que se proyecta hacia las personas externas; hay problemas en cuanto a autoestima y sentimientos de inferioridad que pueden desencadenar frustración, ejercen poder frente a sus víctimas (como sabemos existen tipos de violencia como es la psicológica, patrimonial, económica, que puede hacer que a quién esté siendo violentada le sea difícil salir de estos espacios por falta de recursos), los bajos niveles de asertividad, inestabilidad emocional y la impulsividad, que son características que llevan a que se perpetúen estas dinámicas violentas.

Entonces, ¿qué pasa con los niños que crecen en un ambiente de violencia de género?
Las personas podemos llegar a adaptarnos a las situaciones a las que estamos expuestas con el objetivo de poder sobrellevarlas, y pasa exactamente lo mismo en entornos de violencia: muchos de estos niños no logran diferenciar la normalidad de un entorno violento. De hecho, los primeros acercamientos a algo diferente pueden ser en los centros educativos y el conocer lo diferente que pueden ser las familias de sus compañeritos… esto puede ser muy chocante para ellos.

¿Cómo es el tratamiento en los pacientes que han sufrido de violencia de género?
Los tratamientos van a depender de la complejidad de cada caso, pero dentro de aspectos generales se busca el validar a la víctima y que ésta se reconozca como una sobreviviente frente a estos hechos violentos, y esto hace que la persona reconozca que la situación que estaba viviendo no es su culpa ni su responsabilidad; asimismo, se busca trabajar en el autoestima de las mismas. Como mencioné con anterioridad, es lo que se ve más afectado en una víctima, por lo que se busca destacar las cualidades y capacidades que les permita salir y mantenerse fuera de estos ciclos de violencia. Como personas externas a esto sugiero el estar pendiente de las víctimas constantemente.

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