La vieja costumbre: pedir todo y no cuidar

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¿Nos hemos acostumbrado a que nos “den todo fácil?” ¿Cuál es la actitud ciudadana frente a las necesidades de Riobamba? Fabián Yánez, un vecino de la localidad, manifestó que desde su círculo más cercano aporta para que se genere un cambio de actitud, pero, “siempre habrá gente que desmotive a los demás”. En referencia a la corresponsabilidad ciudadana, aseguró que las autoridades deben involucrar a los riobambeños y riobambeñas para que aprendan a cuidar sus cosas. La vieja costumbre: pedir todo y no cuidar.

¿Qué piensa sobre el cómo se desarrolla la ciudad de Riobamba?
Uno cuando nace en una ciudad, normalmente, la ama, y le gusta que esa ciudad prospere, se desarrolle y crezca. En mi caso, lo que me gusta de Riobamba es que es una ciudad todavía, hasta cierto punto, tranquila; es una ciudad en la que se puede vivir de manera ordenada, esto a pesar de que Riobamba ha cambiado totalmente: es un sitio en el que todavía hay ciertas oportunidades; desde luego, pocas en relación a las grandes ciudades. Riobamba es una ciudad porte medio, en la que yo observo futuro. Lamentablemente, nuestras autoridades siempre la han descuidado, y cuando uno pregunta: ¿por qué no hacen esto?, ¿por qué no hacen lo otro? Uno se ve también en la necesidad de ser parte de ese Gobierno, de esa autoridad, para poderlo cambiar. Quejándonos no sacamos nada. Me doy cuenta que la única manera de hacer algo por la ciudad en la que uno nace es llegando a ser autoridad o al estar relacionado con ese gobierno, que es el que domina el desarrollo de una ciudad.

¿La gente en Riobamba es responsable con las cosas que tiene?
Normalmente, nosotros estamos enseñados a que las autoridades nos den todo. Como ciudadanos tenemos muchas obligaciones, así como tenemos derechos, también nosotros su contraparte. Lastimosamente, no nos gusta cuidar el sitio en que vivimos, no nos gusta barrer nuestra vereda, no nos gusta conservar la basura dentro de nuestros vehículos, lo que hacemos es cogerla y botarla fuera, por la ventana, y eso es fácil, lamentablemente. Nosotros, que vivimos justo al lado de la feria de autos, vemos que cuando se da esto la gente que viene de otros sitios bota las tarrinas debajo de los carros, los papeles… los alrededores de esta feria quedan como un basurero completo.

¿Por qué cree Ud. que nos hemos acostumbrado a esto?
Porque esa es la manera más fácil de vivir: cruzarnos de brazos y esperar a que otros nos den haciendo las cosas. Cuando no nos cuesta lo que hacemos o lo que tenemos no nos importa si lo perdemos, y eso está claro. Para darnos cuenta cuando vamos por el centro, por ejemplo, nosotros vemos botada la basura y la pasamos pisando; nosotros nos justificamos diciendo que nosotros no la botamos; si vemos en la parte humana a un adulto mayor o a una ancianita que está tratando de cruzar la calle pocas personas somos las que nos detenemos, de nuestro agitado tiempo, para ayudarla a pasar, otras la pasan hasta empujando; y si vamos en un vehículo pocas personas nos detenemos para dar el paso a los otros que quieren cruzar de un lado a otro.

Si nos damos una vuelta por los mercados, o sus cercanías, principalmente los días de feria, vamos a notar que la gente está desesperada por pasar de un lado a otro; en esas situaciones los vehículos aceleran más. Donde no hay semáforos la gente está amontonada en las esquinas hasta que viene un ciudadano, alguien —yo diría que de cada 50 uno, por lo menos— que se detiene y cede el paso.

Finalmente, desde su círculo más cercano… ¿cómo aporta para generar comportamientos responsables con nuestra ciudad?
Desde el ámbito familiar lo que podemos hacer es inculcar valores, los mismos que son lo único que va a quedar de herencia a nuestros hijos, a nuestra descendencia. Tenemos que empezar por ahí, por la familia. Los valores son lo único que le va a servir al niño o a la niña cuando sean jóvenes, y cuando sean adultos. Con ellos, cuando crezcan también podrán hacer algo por el medio en el que viven. Por otro lado, en mi caso, por ejemplo, yo vivo en un conjunto residencial en el que, de una u otra manera, estoy motivando a las personas que viven aquí a que cuidemos el espacio en el que vivimos, y eso incluye una contribución económica.

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