Entre el romanticismo del ayer y el desengaño del hoy. https://laprensa.com.ec
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De un tiempo a esta parte pareciera que el trabajar por el desarrollo de las tierra que nos vio nacer -en algunos privilegiados casos- o nos dio la grandiosa y única posibilidad de forjar un camino por estas latitudes -en bendecidos otros- pareciera poco importar a quienes han tenido la “honrosa” y “selecta” misión de guiar sus destinos. Entre el romanticismo del ayer y el desengaño del hoy.

Aunque aquello denotaría que solo a título personal esto ha dado sus réditos -¡y qué réditos!-, claro está, con honrosas excepciones -que, de seguro, no completarán los dedos de una mano o del pie-, aunque la historia, en su momento preciso, juzgará el antes y el después de las realidades económicas de los “ilustres” que han sumido a la ciudad y provincia en posiciones de retraso y subdesarrollo -y ojalá la justicia ordinaria también lo haga-, pese a que, otrora, verdaderas personalidades de estas llanuras y montañas, o provenientes del subtrópico y del norte del país, la posicionaron en el pódium de las urbes del bendito “País de la Mitad del Mundo”, haciéndola paso obligado hacia el progreso y el engrandecimiento. Entre el romanticismo del ayer y el desengaño del hoy y de eso puede dar cuenta su arquitectura, su cultura… y su majestuosa historia.

¡Y eso es una verdadera lástima!, toda vez que esa indolencia y desparpajo debe ser analizada con detenimiento por el Soberano, la verdadera autoridad en Democracia, es decir, el Pueblo, que debe alguna vez -en los tiempos modernos- votar a conciencia y elegir a los mejores -como antaño- cuando se trazó caminos de porvenir en el suelo que hoy pisamos.

Y es que no es dable que frente a la grandeza y majestuosidad de los edificios, iglesias e inmuebles de su amplio patrimonio, que a las claras la ubicaron “tercera”, la carencia de servicios básicos y de obras de relevancia, la falta de respeto permanente a los pedidos de atención prioritaria, las cifras alarmantes en materia de desnutrición y asistencia en salud, la falta de oportunidades y Dios sabe cuántos males más, no se haga nada para cambiar una realidad que en verdad se torna en lacerante. Reflexionemos, pero con la cabeza..

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