Covid-19, la enfermedad del abandono

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Riobamba/ Con la voz quebrada, “Eric”, un joven servidor público contagiado de Covid-19, cuenta que los primeros días de síntomas son insoportables, porque la sudoración, la fiebre alta (llegó a bordear los 39°) y el dolor del cuerpo son permanentes. Él es parte de una de las instituciones que están en la primera línea de atención en medio de esta emergencia sanitaria y, como tal, ha estado en contacto permanente con personas. Hace diez días, un domingo, comenzó a sentir los primeros síntomas, y desde entonces han sido horas amargas las que ha pasado junto con su familia. Los dolores de cabeza eran tan fuertes que ni siquiera podía cerrar los ojos y la temperatura era tal que debía cambiar sábanas y fundas de almohada cada día, porque amanecían empapadas. “Esta enfermedad no se la deseo a nadie”, asevera. Además de lo físico, también quedan dolencias en su alma, porque ésta es la enfermedad del abandono. No hay cura, no hay tratamiento, pero sí hay miedo y discriminación. Cuenta que, en general, ha tenido que verse por sí mismo durante la enfermedad, lo que le dijeron es que debía guardar cuarentena, pero él mismo debió adquirir las medicinas con las que ha tratado de paliar (en vano muchas veces) las molestias del Covid-19. “Me he sentido abandonado a mi suerte”, señala. Pero, está consciente que está con vida y, en ese sentido, se siente bendecido.


Fallecimientos. Pero, existen familias que tienen un desenlace fatal, al menos son 54 hogares los que han perdido a sus seres queridos en Chimborazo víctimas del nuevo coronavirus, según cifras oficiales; se recalca que estos datos corresponden exclusivamente a las personas que se les practicaron una prueba PCR y fueron diagnosticadas con Covid. 

Aunque no se puede atribuir exclusivamente a muertes por esta enfermedad, en abril hubo un 40% de incremento de inhumaciones (entierros) en el Cementerio de Riobamba, explica Doryan Jara, director de Servicios Municipales. Según las cifras que maneja esta dependencia, desde el 4 de abril hasta este viernes se había enterrado a 31 personas con Covid o con sospecha en el Cementerio General; 25 en bóvedas (23 municipales y 2 institucionales), 5 inhumaciones bajo tierra y una en un mausoleo. Según estadísticas de la Subzona de la Policía N°6 “Chimborazo”, compartidas con los medios de comunicación, entre el 6 de abril y el 3 de mayo hubo 21 fallecidos por Covid-19 confirmados, veinte en Riobamba y uno en Alausí. 

No obstante, por causas determinadas como insuficiencia respiratoria, insuficiencia respiratoria aguda y paro cardiorrespiratorio, en el mismo período hubo 90 muertes en los cantones Riobamba (62), Colta (25), Guano (1), Alausí (1) y Pallatanga (1).


Dolor. El drama de las familias que pierden a un ser querido es un caso aparte, angustioso y doloroso. Según los protocolos establecidos, cuando una persona fallece con Covid-19 o con sospecha en un domicilio, el cadáver debe permanecer al menos dos horas en el lugar de la muerte hasta que la Policía, con sus unidades especializadas, pueda acercarse y empezar el protocolo de manejo de cadáveres, que incluye un embalaje escrupuloso del cuerpo y limpieza del lugar. En esos casos, los familiares, como parte de un círculo epidemiológico, no pueden salir, y el último adiós a sus seres queridos se lo hace por una vídeollamada a lo sumo… y hay casos de más de una muerte en la misma familia.


Comportamiento. Alejadas del drama, con conciencia o sin ella, en estado de restricción (semáforo rojo) existen personas en la calle que no cumplen con las precauciones básicas de seguridad ante el “ángel de la muerte”, como ha llamado al Covid la periodista Marieta Campaña. Algunas se pasean sin mascarilla, otras se la colocan en cualquier parte de la cabeza menos en los ingresos a las vías respiratorias, e incluso hay quienes estornudan desfachatadamente.A

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