Un taxista casi va preso por ‘guardar’ a su amante en la cajuela

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Taxi Amante/ Conocoto, parroquia hermosa y apacible del cantón Quito, es un lugar muy conocido por su agradable clima y querido por la gente amable que lo compone, pero, como sobre la faz de la Tierra nada es perfecto… encerraba un gran secreto que lo ha puesto en la mira del Ecuador entero, y no precisamente por las bondades antes mencionadas.

Taxi Amante
Taxi Amante: Un taxista casi va preso por ‘guardar’ a una mujer en la cajuela. Admitió que era ‘la otra’ y que la llevaba allí porque adelante iba su esposa. https://laprensa.com.ec


Es que, como dicen por ahí… “nadie se le escapa a la conciencia”, la actitud por demás nerviosa de un -hasta el martes 15 de diciembre- taxista anónimo lo convirtió en protagonista principal de los chismes de corrillo, tendencia en las redes sociales y, ¿por qué no?, hasta probable ganador de los concursos de año viejo que se organizan al finalizar cada año y que, es incuestionable, en 2020 no nos ha dejado de sorprender.
¿Quién lo diría?, un patrullaje policial de rutina terminó desatando un “culebrón telenovelístico” que ya habría querido escribir la afamada Delia Fiallo.

Metida en la cajuela

Bueno, volviendo a lo nuestro, en un plano mucho más serio -aunque la verdad es difícil asumirlo así-, mientras el área comercial de la localidad era resguardada por efectivos uniformados del Circuito “Conocoto”, la actitud sospechosa de una persona, apostada junto a un taxi, hizo que los “caballeros de la Paz” se acerquen a cuestionarle el porqué de su presencia y proceder, lo que le despertó un inusitado temor y motivó a emprender precipitada carrera, lo cual fue frenado ipso facto por los “guardianes del orden”, inquiriéndole ¿cuál era la razón para fugar?, ante lo que indicó que se asustó por el uniforme, pero que era él el propietario del taxi, por lo que fue trasladado hasta el mismo, desde aquel fatídico día -para su historia- bautizado como el “taxi del amor”, en el cual una mujer se encontraba sentada en el puesto que llaman “del copiloto”, la que resultó ser su “amada” esposa, la única dueña de su amor y a la que, seguramente, juró serle fiel, amarla y respetarla hasta que la muerte los separe.

Pero, fieles a su formación profesional e instinto, lo nervioso del sujeto motivó a los efectivos policiales a revisar el vehículo, pidiéndole al miembro de la “fuerza amarilla” que abra el portaequipaje, esto como acción de rutina para desvirtuar cualquier duda que quedara flotando; mas, la sorpresa fue mayúscula al proceder al encontrar una mujer de mediana edad, de aproximadamente unas treinta primaveras, recostada en este espacio, aunque, eso sí, “bien protegida” con su mascarilla, tal vez para evitar algún tipo de contagio… de coronavirus, y uniformada de “fiel devota de la Pantera Rosa”, con blusa y pantalón de ese color.

Como era “lo más lógico”, no quiso identificarse, lo que obligo a los uniformados a exigirle al conductor que diga de quién se trata, so pena de tener que ser detenido y dar cuentas ante la justicia por la acción, ante lo cual no le quedó más remedio que confesar que era su “auxiliar del hogar”, “la segundera”, “la mocita”… ¡su amante!, con lo cual los “caballero de la Paz” no tuvieron que limitarse a más que levantar el parte policial respectivo y, seguramente, haber sido los “culpables” de la “tragedia griega” que, hasta estos momentos -y durante mucho tiempo, sino para siempre- separará a quienes algunas vez se juraron que por nada del mundo se dejarían…

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