Mi novia intentó matarme

Para sentenciar esta terrible etapa de su vida recordó un episodio que siempre lo lleva en la mente. Fue un día que le llevó el desayuno a la cama. Sofía dijo: “yo no voy a comer esa porquería”, y botó la comida...

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Mi novia intentó matarme. Pablo es un joven de 24 años, no es de Riobamba, pero ha vivido aquí por varios años. Llegó para estudiar en una de las universidades y se enamoró de nuestra ciudad. Es risueño, agradable, alegre, gracioso, amable y atento. Se considera tranquilo, no violento, y detesta una pelea. Tiempo atrás, por un año, vivió violencia de parte de su novia: recibió agresiones psicológicas, físicas, e incluso casi pierde la vida…

Cogió el cuchillo y vino hacia mí. http://laprensa.com.ec

Comenzó el noviazgo…
Pablo tenía 21 años. Estudiaba en una de las universidades del Riobamba. Conoció a Sofía; tenía un año menos que él y también era de otra ciudad. Fue al final del semestre, en Navidad. Empezó su relación. Para él era serio, lo juró. La quería y no pensó nunca burlarse de ella, y peor dejarla. Fue su primera relación seria, así que se comprometió “como se debe”.

Pasaron los primeros tres meses, fue bonita la etapa de enamoramiento; pero, tras ese tiempo, comenzaron los cambios. Sonriendo, contó que algo raro comenzó a pasar en la convivencia de pareja. Sofía “estaba como rara”, comenzó a enojarse por todo, y luego dio señales de celos. Pero no había terminado, las cosas empeoraron, empezando a controlarlo.

Quería que esté solo con ella. Le prohibió tener amistad con mujeres en su aula, no le permitía que salga con sus amigos; incluso, en ocasiones, no accedía a que vaya a clases. Su comportamiento era raro, dijo. Pero las cosas estaban por tomar un giro más radical… Fue un día, estaba en el departamento de Sofía, se quedó a dormir, y mientras descansaba comenzó a ‘manotearlo’ en todo el cuerpo, y esto sin razón alguna… Al parecer, señaló, recordó algo de su pasado y se desquitó con Pablo. Y no solo eso, lo botó de su departamento a las 03:00 h. Le dijo: ¡ándate a tu departamento!, y así lo hizo en plena madrugada. Al siguiente día se disculpó en la universidad, y él la perdonó. “Dije: bueno, tal vez cometió un error como cualquiera, y lo pasé por alto”…

Todo cambió…
Pasaron los días. Sofía pidió a Pablo que se quede en su departamento. Él accedió y comenzó a ir y venir. Sin embargo, en ocasiones, quería estar en su departamento y pasar momentos en su propio espacio, pero ella no se lo permitía. “Me decía: tú te vas a tu departamento para tener relaciones sexuales con otra”. Sonríe.

Recordó también que, en una ocasión, cuando fue a jugar vídeojuegos en casa de un amigo su celular se quedó sin batería, apagándose, y este hecho generó la irá de Sofía. Regresó al departamento que compartían y fue increpado. “Me recibió como una mamá, me dijo: ¿quién te dio permiso?, ¿quién te dio permiso?, mientras se golpeaba las manos”, recordó.

Pasaron los meses, ya era el sexto de la relación, y las cosas empeoraron. Según Pablo, su novia comenzó a celarle con su propia familia. En una ocasión, contó, fue a una fiesta con su hermana y su sobrina, acto que causó el enojo de su novia.

Pero, a más de los celos, Sofía comenzó a chantajearlo. El joven estudiante se cambió de carrera sin que supiera su madre y su familia; además, estuvo cerca de perder el semestre y tenía problemas con el arriendo, ya que la plata que estaba destinada para ese servicio se la gastaba. Tenía miedo de que su mamá se enterara ya que, si lo hacía, pensaba que le quitaría todo el apoyo.

Sofía sabía de esas situaciones, y las aprovechó. “Si te portas mal, me dejas y no haces lo que yo te digo le aviso a tu mamá”, lo amenazó. Comenzaron las peticiones, pero bajo chantajes. Le solicitó que viviera en su departamento ya que, según Pablo, quería tenerle cerca de ella. Y sin más él accedió.

Empezaron las ‘pisas’…
Era el noveno mes. Comenzó a convivir, y con aquello empezaron las agresiones físicas. Fue un día, él quiso salir a ser parte de una cena que organizaron sus compañeros de curso, le comentó que iba salir, pero ella se enojó. Le pidió que le acompañara, pero ella no accedió. “Me dijo: no quiero ir, y tampoco quiero que vayas”…

Comenzaron a discutir. Pablo preguntó qué le pasaba y, sin dudarlo, le hizo saber que él tenía vida. Pero ella se enojó más, comenzó a gritarle, a decirle palabras groseras y, en cuestión de segundos, cogió la tabla de picar y la lanzó contra el joven, dándole en la espalda.

Se quedó estupefacto, o como él dice, “frío”. Y no pudo terminar la relación, pues lo tenía bajo la amenaza de que su madre se enterará lo que había hecho. Entre risas, recordó las palabras que su madre le dijo: “si te jalas el semestre te regreso de Riobamba”, lo cual no quería, ya que ama esta ciudad, y con todo su corazón.

Sofía le pidió disculpas, y él la perdonó, pesando en que iba cambiar. Pasaban los días y ocurrió otro incidente. Pablo formaba parte de un grupo político de la universidad, en el que conoció a varias personas, y un día realizaron un encuentro, al cual asistió, y a su regreso encontró a su novia ‘re-enojada’.

Tras decirle “tú no te mandas solo”, se abalanzó sobre Pablo. El fin era dañar su cara; pero, con el objetivo de evitar el ataque, la empujó y se escapó a su departamento. Al llegar, la muchacha se comunicó con él y lo acusó de haberla atacado. “Me dijo: me golpeaste, y voy a llamar a la Policía”, contó. Asimismo, agregó que sintió mucho miedo.

Pasó casi una semana. La universitaria llegó hasta su departamento y le pidió disculpas… nuevamente. La perdonó, porque “en mi mente tonta pensé que va a cambiar”…

Intentó acuchillarlo…
A punto de cumplir un año de relación llegó el punto de inflexión de esta irracional relación de pareja, y sucedió cuando Pablo decidió terminar con el noviazgo. Estaban en su departamento y le dijo que ya no quería estar con ella. Se puso histérica. Comenzó a provocarlo. “Me decía: ¡golpéame, pégame, termíname!, mientras me jaloneaba”, dijo entre risas.

Aceptó que en un momento se hartó y pensó en lanzarle una cachetada, pero no lo hizo. Pidió que abandone su departamento, pero ella se quedó sentada. Le insistió, pero ella no se movía. Se calmó y quería calmarla también, y le dijo que no terminaba la relación… y pidió que se tranquilizara… ¡Error!

Los celos y los malos ratos seguían. Y de esta situación se enteró la mejor amiga de Pablo. Le aconsejó que abandonara la relación, pues lo que vivía no estaba bien. Le dijo también que si Sofía le contaba a su mamá, y si ella le quita el apoyo y le sacaba de la universidad, él tendría que aceptarlo y ya.

Le hizo caso. Tomó valor y se dispuso a terminar con la relación. Fue en febrero. Recordó claramente el día. Fue en el departamento de Sofía, en el cual vivían. Y fue justo en ese lugar en el que le dijo que no quería más estar en la relación con ella y, tras dar la mala noticia, el joven se dispuso a abandonar el lugar… Ella se paró en la puerta y no le permitió salir…

En esta parte Pablo ya no sonreía, y su actitud cambió.

Regresando a la historia, nuevamente le dijo que ya no quería estar con ella y que le dejara salir. No lo hizo. Por el contrario, tomó una taza y se la lanzó. Se molestó y le recriminó por la acción. “Le dije: ¿qué te pasa, loca, déjame salir?”.

Y esas palabras no le gustaron a Sofía. La situación se tornó terrorífica. La chica agarró un cuchillo y de su boca salió la frase “tú no me vas a terminar”, y “se dispuso a apuñalarme” . El cuchillo pretendía llegar a un lado de su ombligo, pero no se dio, pues tiene bueno reflejos y logró esquivar la puñalada.

Supongo que me quería matar, dijo. Continuó y explicó: “me esquivo, le agarro el brazo y caímos al piso. Tenía mucha fuerza. Era una batalla de vida o muerte… forcejamos, me quiso morder… logro que suelte el cuchillo, lo hice a un lado y salí corriendo, en busca de ponerme a buen recaudo”, contó.

Recordó que fue todo tan rápido. Fue a la casa de su amiga y se lo contó. Ella lo acogió por el momento. Dos días después, en su cumpleaños, le pidió perdón y sugirió que vuelva con ella. Nunca más le respondió. Llegaron las vacaciones y la pandemia y perdió todo contacto con ella.

Terminó en llanto…
Siente que hizo lo correcto. No quiso tener contacto con la chica. Para sentenciar esta terrible etapa de su vida recordó un episodio que siempre lo lleva en la mente. Fue un día que le llevó el desayuno a la cama. Sofía dijo: “yo no voy a comer esa porquería”, y botó la comida… En ese momento Pablo no se daba cuenta que era víctima de violencia por parte de su pareja, pero en la actualidad lo tiene claro. Luego de esa relación no quería tener más noviazgos y, la verdad, no era para menos.

El joven siente que estos episodios le causaron serias afectaciones psicológicas. Lo comprobé. Tras casi media hora de entrevista, al final, Pablo no soportó más y terminó llorando. “Es feo; según yo estaba haciendo las cosas bien; siempre me culpaba de lo que pasaba”, se lamentó entre lágrimas.

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