Laurita, la primera vendedora de pollos en el mercado la Condamine

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Aprendió a faenar pollos desde los trece años de edad junto a sus cinco hermanas y, desde entonces, éste ha sido su único ingreso económico y sustento de su amado hogar. Laurita faena y vende pollos.

Laurita faena y vende pollos.
Laurita faena y vende pollos.
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Historia. Ayer, a sus 57 años, conocimos a Laura Beatriz Vacacela Castro, quien continúa con el legado familiar de comercialización de pollos en el centro comercial popular “La Condamine”.

Comienzos. Con cuchillo en mano, y mientras faena un pollo, Laura recuerda con nostalgia como fueron sus inicios. Aprendió a faenar, pelar y destripar las aves desde los 13 años, junto a sus 5 hermanas. Una amiga de su mamá les enseñó esta actividad que, según dice, “para muchas personas puede ser algo desagradable (el proceso de faenamiento), pero, con el paso del tiempo, se volvió mi forma de vida” acota de manera orgullosa.

Labor. Desde las siete de la noche, Laura y sus hermanas empezaban la jornada matando, pelando y destripando más de 400 aves hasta las siete de la mañana del siguiente día y continuar con sus juegos, estudios, travesuras y, en primer lugar, ayudar a su mamá. 

Negocio propio. Después de cuatro años, cuando cumplió los 17, decidieron emprender un negocio propio, ellas fueron las primeras en vender pollos. En aquel entonces el mercado no contaba con una infraestructura como la actual; en las esquina de las calles Carabobo y Esmeraldas estaba el puesto de su mamá, María Castro, que invitaba a los clientes a que compren su producto.

“No pueden irse del mercado sin llevar la mejor carne del cantón Riobamba”, subraya y sonríe. Por ello, Laura y sus hermanas optaron por ubicarse a un lado del puesto de su mamá y, en ese entonces, fueron las primeras en vender pollos en el sitio, comercializando de diez a quince aves al día, lo cual era bueno para la época. Laura recuerda que lo más satisfactorio era terminar sus clases e ir al mercado. “Íbamos al puesto pasando un día o una vez a la semana”, dice emocionada.

Pandemia. La mujer se levanta a las 04:30 de la mañana y a las 5 ya empieza su jornada laboral. Con la ayuda de dos personas faena más de 500 pollos, pues, antes de la pandemia comercializaba alrededor de 400 aves al día; sin embargo, con la llegada del virus Covid-19 las ventas fueron bajas, algo inevitable, pero, en la actualidad indica que logra vender más de ochenta pollos, que “es un día bueno”, manifiesta.

Criterio. “La pandemia fue un duro golpe para todos, y en algún momento pensé en hacer otra actividad, sin embargo, me mantuve firme, y al igual que mis compañeros y familia continuamos trabajando en lo que nos gusta; en mi caso el faenamiento y la venta”.

Bioseguridad. Además de seguir cursos y talleres sobre un manejo adecuado de los alimentos, aprendió y se acostumbró -al igual que todos- a utilizar mascarilla, alcohol y cumplir con las medidas de bioseguridad. Una vez faenados los pollos, toma su mascarilla, el alcohol y se traslada a su puesto en el mercado, en donde empiezan las ventas desde las 07:00 h hasta las 17:00 h todos los días.

Laura se siente bien porque su esfuerzo rinde frutos, su trabajo le permitió mantener su hogar y sacar adelante a sus 3 hijos. 
Uno de ellos, Joel, tiene en mente continuar con el negocio, por ahora vende pollos cerca a su vivienda, y esto alegra el corazón de Laura, pues, una lágrima recorre su mejilla por la esperanza de que su legado continuará… mientras, seguirá ofreciendo sus productos en el CCP “La Condamine”, en el tradicional local 13, “mientras tenga fuerzas y Dios lo permita”…

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