Hombre de 49 años muere al caer del tercer piso en Riobamba. Él estaba ayudando a su vecino a subir maquinaria a su domicilio en una grúa.

Hombre de 49 años muere al caer del tercer piso en Riobamba
Hombre de 49 años muere al caer del tercer piso en Riobamba. http://laprensa.com.ec

El último de cinco hermanos, Ángel Cargua, falleció este 31 de marzo por la tarde a pocos metros de su casa mientras ayudaba a un vecino a subir una maquinaria.

Muere al caer del tercer piso

Al parecer, mientras la grúa elevaba la maquinaria, una parte de esta hizo contacto con los cables del sistema eléctrico, lo que provocó que rebotara en su cuerpo, haciéndole perder el control y caer desde el tercer piso.

En la vereda de la calle Juan Montalvo y Chile, en el sector de La Condamine continúa la sangre que quedó después de que los agentes de Criminalística de la Policía Nacional realizaran el levantamiento del cadáver.



Aproximadamente a las 15:30h, el cuerpo fue llevado al anfiteatro del Cementerio General para que los médicos legistas realizaran la autopsia, como parte del proceso requerido.

Sus familiares, confundidos y atónitos por lo que pasó hace contados minutos, intentaba procesar lo que había sucedido, pues a varios de ellos, una llamada los informó de la terrible noticia.

Las lágrimas y sollozos de los familiares más cercanos hacían estremecer a las personas que llegaban hasta el Cementerio para acompañar en el dolor.

Ángel era un héroe de la guerra del Cenepa

Ángel nació en noviembre de 1974, tenía 49 años cuando murió y es el padre de dos señoritas. En medio del dolor los familiares compartieron que él era una persona muy servicial de un espíritu generoso que siempre ayudaba a las personas de forma desinteresada.

Uno de los momentos más dolorosos fue cuando una de sus familiares llegó con el terno de gala de los militares. Ángel era un héroe de la guerra del Cenepa y llevaba fuera de las filas del Ejército, poco menos de cinco años.

Al preguntar a sus familiares qué es lo que más recordaban mientras arreglaban las insignias de la solapa de la chaqueta del terno de lanilla, casi al unísono respondieron: “Era muy comedido”.

El momento más desgarrador fue cuando su esposa, la señora Rosita, llegó al Cementerio. Su angustia se traducía en sollozos desde lo más profundo de su pecho, mientras las lágrimas recorrían sus mejillas; no podía creer lo que sucedía.

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