Los riesgos de tener depresión y tomar alcohol

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El consumo excesivo de alcohol es un problema de salud pública y un fenómeno social que afecta a gran parte de la población. No obstante, se torna más complejo y peligroso cuando la ingesta está vinculada con la depresión.

¿Cómo identificar a la depresión?

Concepto. La depresión se caracteriza por sentir una tristeza permanente que produce la pérdida de interés o placer. Esto incapacita a la personas para llevar a cabo actividades cotidianas o hacerle frente a la vida. Mientras, el alcoholismo es la incapacidad de controlar el consumo de alcohol debido a una dependencia física y/o emocional.

Contexto. El alcohol y la depresión son dos temas diferentes, pero correlacionados, toda vez que su consumo puede ser un factor que ocasiona depresión, así también su abuso es la consecuencia de un trastorno depresivo que ha ido evolucionando con el tiempo.

La combinación de ambos males…

Situación. Combinar el consumo de alcohol con la depresión es una bomba de tiempo, ya que la tasa de suicidios entre las personas alcohólicas es seis veces superior a la población general, pero es tan atractivo su consumo porque desinhibe y produce una sensación de relajación, provocando una falsa sensación de mejoría ante la tristeza, ansiedad o aislamiento social; sin embargo, es imposible negar que es un potente depresor del sistema nervioso.

Visión profesional. Yadira Villa, psicóloga clínica, explicó que “el alcoholismo es un factor de riesgo que desencadena trastornos o, a su vez, ser el resultado del cuadro depresivo, ya que el alcohol puede funcionar como una herramienta de escape”. Sin embargo, el beber para hacer frente a las sensaciones depresivas puede provocar un aumento del nivel de consumo; así también, el consumo regular de alcohol cambia la química del cerebro, reduce la serotonina, un neurotransmisor químico cerebral implicado en la depresión, es decir que cuanto más beba más síntomas de depresión puede tener con el tiempo.

Caso. Pablo R., psicólogo, sufrió de depresión y reconoce que el alcohol aplacaba su dolor y malestar emocional, y aún sabiendo que ahondaba su depresión lo continuaba haciendo, situación que la explica con la teoría psicoanalista del goce, la cual considera que disfrutas a través del sufrir; entonces era preferible enfrentar el ‘chuchaqui’ físico al emocional, pero para nada fue la solución: “cuando hay depresión es necesaria la terapia”.

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