COLUMNISTAS

OTRO AÑO SIN PAZ

Sólo han sido bufonadas del que se cree el emperador del mundo. Que ha terminado guerras de medio siglo, que ya no hay dedos para contar las contiendas a las que ha dado fin. Que ¿por qué no me dieron el Nobel de la paz?

Pero cada día de este año, sus manos, y la de otros, se han manchado de migrantes golpeados, de familias destrozadas, de armas enviadas allí donde arrecia la matanza, donde hay pueblos que quieren vivir en paz.

Por ello, los abrazos de Navidad pasaron sin eco. La paz sea contigo. ¿Cuándo y cómo en Ucrania, Palestina, el Caribe, Somalia, la frontera de México, las calles de Europa y New York?. Fue un año de redadas, de bombardeos, de sicariatos, de asesinatos. Allá y acá. Uno de los años en los que los hombres se odiaron más que nunca unos a otros. Y todo por petróleos, drogas, uranio, alimentos, tierras raras, dominio en más esferas, aumento de capitales infinitos y una ansia loca de los pobres de recibir al menos una migaja de las mesas de Epulón. Una esquizofrenia en el poder y abajo toda la humanidad alabando cualquier muestra de crueldad.

Sin embargo seguimos jugando al azar. Hacemos rodar la ruleta, que sigan los días y que termine el conteo de los minutos de este año cruel. El 31 otra vez soñaremos, con las uvas de los doce deseos, las maletas vacías del viaje, las ropas talismánicas de los buenos augurios y volveremos a desearnos un año de paz, de amor, de salud. Dios, siempre nos escucha; pero casi nunca aquellos a los que nosotros mismos los encumbramos al poder. Escuchémonos entre nosotros, feliz año 2026.

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