Hombre paseo el cuerpo de su novia por toda la ciudad
El caso conmociona a Quito: hombre paseó el cuerpo de su novia y aún no es capturado pese a operativos nacionales.

La madrugada del 5 de abril de 2025, en un sector del norte de Quito, ocurrió un crimen que conmocionó no solo a quienes conocían a la víctima, sino al país entero.
El cuerpo de Dayana Pérez, una mujer de 29 años, fue hallado sin vida en el asiento trasero de una camioneta abandonada cerca del terminal terrestre de Terminal Terrestre de Carcelén.
Un crimen brutal, con señales claras de violencia, y un recorrido macabro que involucró el traslado del cadáver por varios sectores de la ciudad.
Hallazgo y primeros indicios
La alerta llegó aproximadamente a las 04:20 de la mañana, cuando el propietario del vehículo, que había prestado la camioneta al sospechoso, acudió al lugar tras recibir un aviso de ubicación.
Al acercarse, se encontró con una escena aterradora: Dayana estaba muerta, con hematomas en el rostro y golpes evidentes en la cabeza.
La Policía Nacional y la unidad especializada en delitos contra la vida iniciaron el levantamiento del cuerpo y trasladaron los indicios al laboratorio forense.
Las pesquisas preliminares mostraron que el vehículo no pertenecía al sospechoso, lo habría pedido prestado bajo el pretexto de una emergencia médica, lo que apunta a una planificación previa del crimen.

El recorrido macabro: “hombre paseó el cuerpo de su novia”
Según los testimonios recabados, luego de cometer el crimen en un sector de la ciudad, según versiones, habría ocurrido en La Argelia, el sospechoso, identificado como Kevin Alberto C. Z., colocó el cadáver en la camioneta y recorrió varios kilómetros.
Entre sus movimientos, habría pasado por la casa de sus padres e incluso circulado por avenidas principales antes de abandonar el vehículo a las afueras del terminal de Carcelén, donde finalmente lo dejó.
La macabra acción, que incluye la frase clave del presente artículo, generó conmoción: un hombre paseó el cuerpo de su novia por la ciudad como si de un objeto se tratara, sin detenerse ni pedir ayuda, hasta deshacerse del cadáver.
Antecedentes de violencia y amenazas ignoradas
El horror del crimen no surgió de la nada.
Días antes del feminicidio, Dayana había denunciado amenazas de muerte por parte de Kevin, incluso un ataque con un destornillador, lo que motivó la emisión de una “boleta de auxilio”.
Pese a ello, familiares aseguran que nunca fueron notificadas ni se activaron medidas de protección efectivas.
La hermana de la víctima relata que en esos episodios existieron agresiones físicas, insultos y control sobre sus movimientos, señales que, de haberse atendido, quizá podrían haber evitado esta tragedia.
La confesión y la fuga: principal sospechoso sigue prófugo
Lo desgarrador del caso es que, según familiares, el acusado admitió ante su jefe que había cometido el asesinato.
Supuestamente declaró: “se me pasó la mano”.
Aun con esa confesión, jamás se ejecutó una orden efectiva de captura.
Hoy, casi ocho meses después del crimen, Kevin Alberto C. Z. continúa prófugo.
Diversos indicios señalan que pudo huir del país, lo que incrementa la frustración de la familia y la indignación pública.
El legado de una mujer, el vacío de justicia
Dayana Pérez deja dos hijas menores, quienes hoy enfrentan la pérdida de su madre y una realidad de vulnerabilidad.
Sus allegados denuncian que el sistema falló: ignoró amenazas, no dio protección, y permitió que un homicida confesado escapara sin consecuencias inmediatas.
En medio de la indignación, la familia, vecinos y ciudadanos claman por justicia.
El caso se ha convertido en símbolo de la violencia de género en Ecuador, una violencia concreta, real, que destruye vidas y deja heridas profundas.
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¿Qué se espera ahora?
Aunque ya hay evidencias, indicios, confesión y una reconstrucción de los hechos, la ausencia de captura mantiene la impunidad latente.
Muchos cuestionan los protocolos, los plazos y la efectividad institucional.
El llamado desde la familia y la sociedad civil es claro: que no solo se busque, sino que se encuentre, detenga y lleve ante la justicia al responsable.
Este caso, tan doloroso como emblemático, exige no solo atención mediática, sino acciones reales.
No basta con conmover: se necesita justicia, verdad y reparación para las víctimas y sus familias.
