Hermanos de Riobamba se quedaron huérfanos y nos necesitan
Hermanos de Riobamba se quedaron huérfanos y nos necesitan. Su madre murió de un tumor en el cerebro y su papá nunca se hizo responsable

Cuando la desgracia golpea, no anuncia su llegada. Entra en silencio, apaga risas, enfría paredes y deja dos miradas infantiles buscando una voz que ya no responde en su querida Pungalá.
Darwin y Geovanny caminan despacio por los senderos de la comunidad Puruhuay Pamba, sosteniendo mochilas livianas y corazones pesados, aprendiendo demasiado pronto que crecer también puede doler.
Su madre partió al infinito hace solo 9 días, pero tras valerosos meses de lucha, dejando un vacío inmenso. ¿Cómo explicarle a un niño que el amor sigue vivo aunque los brazos falten?
Los abuelos, cansados pero firmes, ofrecen techo humilde y sopa caliente. Sin embargo, la ternura necesita apoyo real para sostener sueños frágiles y futuros todavía posibles.
En la escuela, cada letra aprendida por Darwin es resistencia pura. Cada silencio de Geovanny es una herida abierta que pide tiempo, paciencia y manos solidarias.
¿Puede una comunidad convertirse en familia cuando la sangre no alcanza y la vida exige abrigo colectivo para dos niños que miran el mundo con miedo?
Sus cuadernos guardan trazos torcidos, pero también esperanza. Allí escriben recuerdos, preguntas, juegos pendientes y promesas pequeñas que resisten al dolor cotidiano.
La historia de estos niños pide algo simple: ayuda solidaria para niños huérfanos que transforme lágrimas en oportunidades reales, constantes y humanas.
Ayuda solidaria para niños huérfanos que cambia destinos
¿Qué futuro espera a quienes perdieron todo, excepto la capacidad de creer, si nadie responde cuando la infancia clama apoyo verdadero y urgente?
Sus pasos llegan cada mañana a la Unidad Educativa Ambrosio Noriega, donde maestras pacientes y amorosas, como Maritcita Peñafiel, siembran palabras nuevas para que la tristeza no devore su aprendizaje.


La docente los llama “mis segundos hijitos” y lucha por nivelarlos, porque sabe que enseñarles a leer también significa enseñarles a quedarse, a confiar, a imaginar mañanas distintos, de progreso y bienestar.
“Queremos una ayuda integral que perdure y evite el abandono”, señaló Mónica Maza, quien me hizo conocer este conmovedor caso.
Técnica en Atención Primaria en el Centro de Salud de Pungalá, pero, sobre todo, un excelente ser humano, me dice que no podemos ser indiferentes, que debemos actuar, ser parte del final feliz que reclama esta historia.
¡Le creo, la apoyo, la comparto!
Las noches son más largas desde aquella ausencia. Dos camas pequeñas guardan sueños interrumpidos y susurros infantiles preguntando cuándo volverá mamá.
¿Cuántas vidas podrían cambiar si un gesto mínimo se repite cada día y convierte la solidaridad en alimento, estudio, abrigo y compañía constante?
Ellos juegan fútbol en tierra húmeda. El balón rueda libre, mientras el dolor se queda quieto, observando cómo la infancia intenta levantarse otra vez.
La solidaridad no es limosna pasajera, es puente duradero. Une manos lejanas con realidades urgentes y convierte pequeñas ayudas en gigantescas oportunidades de vida.
Necesitan nuestra ayuda hoy, no mañana ni pasado

¿Seremos capaces de mirar de frente esta historia y decidir que ningún niño debe aprender primero a resistir antes que a soñar?
Recuerde que proteger la niñez es deber colectivo, no gesto aislado, y más cuando la vulnerabilidad amenaza derechos básicos.
También debe saber que cada comunidad puede salvar futuros si convierte la empatía en acción concreta y sostenida.
Hoy, en Riobamba, dos miradas esperan respuesta. No piden milagros, solo continuidad, presencia y oportunidades para estudiar, jugar y sanar.
¿Y si tu ayuda fuera la luz que les permita recordar a su madre con amor sereno y no con miedo oscuro?
Quien extiende la mano siembra mañanas. Quien acompaña transforma duelo en camino. Quien comparte esperanza devuelve a la infancia su derecho sagrado de creer.
Estos niños no necesitan compasión distante, sino cercanía real. Porque ayudarles hoy significa evitar que mañana el abandono escriba su destino.
¿Será alguna institución del Estado ecuatoriano o un organismo de índole privada capaz de escribir la historia con mayúsculas y no solo ser parapeto de demagogia barata o hipocresía disfrazada de responsabilidad social? ¡La respuesta es suya, y la esperamos!
Si esta historia toca tu pecho, actúa. La ayuda solidaria para niños huérfanos empieza contigo, aquí, ahora, sosteniendo dos vidas que todavía pueden florecer.
Sobre el caso de estos hermosos niños puede conocer más conversando con la técnica Mónica Maza, contactándose al número: 0981659623.
O con sus queridas maestras en la Unidad Educativa Ambrosio Noriega, cualquier aporte, por más mínimo que sea, de seguro, les será una gran bendición, se lo ruego, sea parte de ella.
