Y el y tú también
Hay una falacia muy usada por nuestros políticos se llama falacia tu quoque, que es básicamente el “tú también” y así, viven nuestros políticos lanzándose acusaciones de corrupción, de ataques a la prensa, de incumplimiento de la norma, en un falso empate moral en que la apelación a la justicia o la igualdad legitima el haber cometido el error.
En Islandia cuando el primer ministro fue encontrado en los papeles de Panamá, no acusó al líder de la oposición de también estar implicado, sino que renunció a su cargo y pidió disculpas, sin justificaciones, sin largas explicaciones, sin victimismo, solo haciéndose cargo. Y sí, puede que haya algo de verdad en que el vídeo era de hace dos meses, que el procedimiento era el incorrecto o que efectivamente es una persecución pero, nada de eso justifica o puede servir de argumento para dejar de admitir cuando cometemos un error, la culpa y mi juicio moral y ético sigue siendo individual, no colectivo.
Ahora, ¿merecemos ser escrutados en las redes sociales con tanta severidad? Bueno, la verdad es que amenazar a Raimundo y todo el mundo con denuncias juega el efecto precisamente contrario, quienes tienen una voz pública sea por tener un espacio de comunicación influyente, ser político o tener aspiraciones electorales debe entender que está sujeto al escrutinio social, que su vida dejó de pertenecerle y que está en el ojo del debate público, es simple sino te gusta eso, tranquilamente podemos optar por la calma y la intimidad de una vida privada, porque la influencia pública también viene con un fuerte control social y juzgamiento colectivo, de hecho eso era la democracia ateniense: el gobernante era juzgado por quienes gobernada.
