UNA VERDADERA LÁSTIMA
Los ecuatorianos nos encontramos asistiendo de forma recurrente a escenarios nunca antes registrados. A partir del retorno de la democracia con la posesión de Jaime Roldós Aguilera el 10 de agosto de 1979, han existido gobiernos de derecha, izquierda, centro izquierda y se ha venido desarrollando una actividad política típica de un país sudamericano, en vías de desarrollo, con un endeudamiento ligeramente razonable, con todos los defectos de una democracia endeble, pero en fin, democracia, donde se debatían tesis programáticas, planes de gobierno y tendencias políticas buscando resolver las necesidades de un pueblo sufrido y carente de mil cosas.
Las disonancias eran evidentes, la corrupción también afloraba, no todo era color de rosa y el pueblo asumía con estoicismo, y la vida se desarrollaba con relativa tranquilidad.
Nos preguntamos: ¿Qué pasó de un tiempo a esta parte?, Cuando pasó?. ¿Qué fue lo que inició?. ¿Quienes están detrás de todo esto?. Son muchas las interrogantes que tenemos, y al unísono la respuesta parece ser, al inicio del nuevo milenio, hasta la presente fecha.
Hemos presenciado con mayor intensidad derrocamientos de presidentes, cooptación de la justicia por los gobiernos de turno, cambio de constitución, reformas a varias leyes colaterales, peleas intestinas en el Congreso y luego Asamblea Nacional etc, etc, pero nunca lo que soportamos actualmente, un grado altísimo de inseguridad, tráfico y microtráfico de sustancias prohibidas, secuestros, sicariatos, vacunas, minería ilegal, asesinatos de importantes políticos, cosas que socavan la vida cotidiana de los ciudadanos, poniendo al Estado en una condición de abandono y quemeimportismo.
Por si esto fuera poco, no existe semana donde no se vincule a altos y ex altos funcionarios, autoridades de elección popular y sus cercanos colaboradores, en casos que riñen altamente con la justicia. Según los protagonistas no hay lógicas válidas, es persecución política. Las razones todas, por unos cuantos denarios, avaricia, sed de poder, afán de figuración, vida fácil, enriquecimiento inmediato, falta de compromiso social con los electores, despilfarro de fondos públicos, negociados y sobreprecios, muchos siendo cómplices de acciones delictivas. Así es la dinámica actual, con el agravante que si el individuo no se hace a estas malas prácticas es considerado ingenuo. A que bajeza hemos llegado.
Pero no toda la justicia es igual. Existen casos que aparecieron hace poco tiempo y ya se han resuelto con condenas a los implicados; otros que se ventilan desde la década pasada y no hay ni esperanzas, obvio, esto no es gratuito.
“Si no tenemos policías, jueces, abogados, fiscales, honestos, valerosos y eficientes; si se rinden al crimen y a la corrupción, están condenando al país a la ignominia más desesperante y atroz.”
Javier Sicilia
