Riobamba: La nostalgia del pasado
Riobamba, cuna de la historia y el esplendor andino, hoy parece una sombra melancólica de lo que alguna vez fue. En nuestras calles resuena el eco de una importancia histórica que ya no nos pertenece. Fuimos el lugar donde la primera Constitución ecuatoriana vio la luz; hoy, nuestras instituciones reflejan una sociedad atrapada entre la apatía y el desencanto.
Los problemas nos ahogan: inseguridad, desempleo, calles desgastadas y soluciones políticas que apenas rozan la superficie. En cada esquina, pareciera que lo único que queda es una envidia velada hacia quienes lograron despegar, hacia las ciudades que florecieron mientras nosotros nos hundimos en la indiferencia. Nos hemos acostumbrado a este letargo, convencidos de que el cambio debe llegar desde arriba, sin mirar el reflejo de nuestras propias manos.
La verdad, cruda y dolorosa, es que las instituciones no son más que un espejo de la ciudadanía. Si la corrupción se filtra en los despachos, es porque permitimos que la indiferencia gobierne en nuestras casas. Si el progreso parece esquivo, tal vez es porque preferimos esperar en lugar de actuar.
Riobamba no necesita héroes ni promesas vacías; necesita un cambio de alma, de espíritu, de convicción. Es momento de mirar con honestidad el lugar que amamos y reconocer que el futuro no vendrá a rescatarnos. Somos nosotros quienes debemos levantarnos del polvo, como lo hicimos una vez en la historia, para que Riobamba vuelva a ser no solo un recuerdo, sino un ejemplo.
