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LO QUE RIOBAMBA SE MERECE

Lo importante en una ciudad, que crece, es como primer punto de partida, elegir adecuadamente al político al cual se le va a dar el bastón de mando, sea este Alcalde, Prefecto, concejal, Gobernador o cualquier representante sea elegido por decisión popular o sea impuesto por contactos políticos, pero que aspira el riobambeño promedio, que las obras que fueron promesas de campaña se cumplan, que las obras que necesita el cantón o provincia se culminen, que las necesidades de los habitantes sean solventadas en momentos fortuitos, que las autoridades sigan caminando con el pueblo y colaboren estrechamente para la solución de problemas básicos, pero en el camino las cosas se desvirtúan y los cometidos no son cumplidos.

Lástima por nosotros, porque simple y llanamente hemos cometido el gran error de elegir y perpetuar al verdugo que en momentos de campaña lo único que sacó a relucir es su lado amable para que en el momento los votos sean los que le den el triunfo, pero en la práctica, el pueblo queda relegado, porque la idolatría ciega y muda queda rota, con las actitudes de aquellos que ya no trabajan por tu localidad, y se ve que los recursos se desvían por otros rumbos.

Quienes tienen el poder de elegir somos los ciudadanos de a pie, cual palomas confundidas caemos en las redes de los depredadores que con el lamido auricular nos dejan convencidos, sin haber leído siquiera de donde vienen estos taiticos vestidos de gala, y pintados las uñas para convencer a la gente más joven, lanzando promesas que no mas vemos el resultado desastroso de una generación agachada, hinchados por la magia del desorden, damos oportunidad a quienes son burlescos actores, y menos ilustrados, no nos importa si les importa el bienestar del pueblo.

No nos importa si cumplen sus obligaciones, menos nos importa nuestro propio bienestar, peor aun nos importa el resultado de nuestras propias decisiones, vemos como las instituciones se van convirtiendo en empresas familiares, empresas de amigazos con sueldos sobrevalorados y a otros les otorgan sueldos infravalorados, pero a quien le importa si nos da miedo alzar la voz, porque el simple hecho de haberlos elegido les da la potestad de callarnos.

Al menos se piensa que estamos a tiempo, primero de informarnos, discutir y después, mucho después elegirlos. Nos hace falta mucha dignidad y sobre todo sabiduría, porque quienes damos el poder a un desconocido somos únicamente nosotros los soberanos.

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