La situación en US
Estados Unidos atraviesa hoy un momento tenso, peligroso y profundamente preocupante.
Mientras el poder esté en manos de un líder narcisista, incompetente y de pensamiento obtuso, rodeado de un gabinete sumiso que no se atreve a cuestionarlo porque hacerlo implica quedar fuera en cuestión de horas, la estabilidad institucional y democrática del país se erosiona aceleradamente.
La obsesión vanidosa por adquirir Groenlandia no responde a una necesidad estratégica real, sino al deseo de figurar en la historia como el presidente que concretó la mayor compra territorial de Estados Unidos. El argumento de la «seguridad militar» resulta, francamente, una burla. Estados Unidos ya cuenta con presencia militar en Groenlandia y podría ampliarla si así lo decidiera, sin necesidad de apropiarse del territorio.
A esto se suma una política de deportaciones masivas ejecutadas con una lógica intimidatoria, mediante grupos armados compuestos en su totalidad por ciudadanos estadounidenses, todos ellos exmilitares, que actúan sin asumir responsabilidad por los abusos cometidos. Las comparaciones con fuerzas represivas del pasado no son exageradas cuando se normaliza el uso del miedo, la deshumanización y la violencia institucional.
El impacto de estas decisiones no se limita a las fronteras estadounidenses. Países como Ecuador, cuya economía depende en gran medida de Estados Unidos, sufren las consecuencias directas. La dolarización nos ata a la política monetaria de un país que hoy ha debilitado gravemente la fortaleza del dólar. A ello se suman políticas arancelarias erróneas que han disparado los precios y acelerado una caída económica evidente.
Estamos avanzando peligrosamente hacia un escenario de fractura y conflicto social, tanto interno como externo. Si este liderazgo marcado por el narcisismo, la impulsividad y la falta de responsabilidad continúa en el poder, el riesgo de una crisis mayor económica, política y humana deja de ser una advertencia para convertirse en una certeza en construcción.
