LA PERSECUCIÓN DE LOS POBRES
Desde los albores de la historia se cuenta con horror de tiranos desalmados que mandaron sacrificar niños, ancianos, mujeres, y persiguieron a los pobres, a los extranjeros y a los de otra religión o raza. Las ideas democráticas solo tuvieron un corto periodo de oro después de la segunda guerra mundial, cuando el asco de la humanidad por sí misma, le obligó a tratar de limpiar su alma con algún remordimiento purificador.
Yo nací en ese tiempo de planes Marshall y alianzas para el progreso, años de rebelión y de hipismo, cuando ser pobre, revolucionario, solidario e igualitario era un programa de vida, que unía a Jesús, el Ch Guevara, Gandhi y Luther King. Ilusos suponíamos que habíamos abierto una nueva era de humanitarismo e igualdad real, en la que las clases sociales serían parte de la prehistoria.
No escuchamos el rumor creciente en los vientres de los avaros, las arterias hinchadas de ira en las frentes de los oligarcas, el hedor de su odio inundando los clubes selectos, sus ojos insuflados de sangre y sus manos repletas de armas y micrófonos para imponer la nueva doctrina de elegidos benditos de Dios, dueños de la tierra, del mar y de las islas y señores del arrasamiento de los pobres, los migrantes y las razas.
Cuando nos dimos cuenta, ya los habían elegido presidentes y algunos se consideraban dictadores, habían proscrito la igualdad, repudiado las declaraciones de los derechos humanos universales y estaban convencidos que su pensamiento había superado para siempre las filosofías de pensadores como Kant, Rousseau o políticos como Lincoln. Bolívar o Alfaro.
Si estos desvaríos fueran solo proclamas de tarima seguiríamos ignorándolos. Pero están en los tronos y en las calles. Toman rehenes a niños, activan misiles a barrios poblados, invaden casas y consulados, disparan en la frente o patean a los que se atreven a defender a los migrantes, persiguen inmisericordes a los opositores llamándolos basura, mendigos, wokes, zurdos. Han dicho claramente que su lucha es cultural, que pretenden eliminar a los pobres y sus ideas, que son los que les quitan su pan de cada día.
