Jannah Theme License is not validated, Go to the theme options page to validate the license, You need a single license for each domain name.
COLUMNISTAS

La era de los enemigos del Ecuador

El problema es que vivimos en la era de los enemigos del Ecuador. Nos hemos metido tan profundamente en la cabeza el debate ideológico que, de forma errónea, creemos que el desarrollo de las sociedades se encuentra en las distintas escuelas políticas y económicas de la historia de la humanidad.

Es cierto: la tecnificación de la política es obligatoria para gobernar. Pero esas herramientas solo funcionan cuando existen objetivos nacionales claros. Y aquí está el punto central: para tener una política eficiente, primero hay que ganar la batalla cultural, la batalla de la conciencia, la batalla de entender que el Ecuador importa. En eso estamos fallando.

Hace ya tiempo que la contradicción dejó de ser entre izquierdas y derechas. La verdadera contradicción es entre los intereses nacionales y los intereses individuales. Los poderes que hoy nos gobiernan utilizan discursos diseñados para fragmentar la unión entre los ciudadanos, porque esa división les conviene: mientras el pueblo se enfrenta entre sí, la disputa por el poder queda únicamente entre ellos.

Revolución Ciudadana y ADN tienen hoy más en común entre ellos que con la gente que se desgasta peleando por ellos. Esa es la gran trampa del sistema. Por eso debemos luchar por movimientos políticos nacidos desde abajo, con verdadera tecnificación en gobernanza, pero que conozcan de primera mano las necesidades del pueblo y por tanto sean capaces de hacer política pensada en proyectos nacionales, no en cuotas de poder ni en agendas personales.

No siempre fue así. Hubo épocas en nuestra historia —la de García Moreno, la de Alfaro, o la Revolución Juliana— marcadas por pugnas profundas, nadie idealiza esos conflictos. Sin embargo, incluso en medio de esas disputas, existía algo que hoy parece ausente: la convicción de que la política debía servir a un proyecto nacional. Se combatía al adversario con fiereza, pero detrás de cada enfrentamiento había una visión de país, una idea de Estado, un rumbo histórico que se intentaba imponer.

Hoy, en cambio, la confrontación ha perdido contenido. Ya no se disputa un modelo de nación, sino cuotas de poder, egos y venganzas. La política se ha vaciado de horizonte y se ha llenado de individualismo, de oportunismo y de una peligrosa falta de identidad colectiva.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba