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COLUMNISTAS

EL CULEBRÓN DE LA PREFECTURA

Hace años se utilizaba  ese nombre para las novelas con muchos capítulos. Algo similar a las series maratónicas de hoy. Con la diferencia que había que esperar cada día para mirar un nuevo capítulo, que además, era interrumpido con muchos cortes propagandísticos de los más variados productos del mercado.

Las buenas novelas, por supuesto, mantenía un público cautivo por muchos meses o años. Y durante ese tiempo no existía otra cosa para pensar o hacer, más que vivir o sufrir las peripecias de los protagonistas. Un tiempo de enajenación, pues se dejaba de ser uno mismo para transformarse en otro. Es que la realidad amarga exigía y sigue exigiendo que nos olvidemos de nuestro día a día y vivamos al menos un poco de ficciones y alienaciones.

La tierra y el aire de Chimborazo con su tenue frío nos concentra en nuestra realidad y nos obliga a esforzarnos para vivir una existencia digna; pero el clima social, como un remolino nos trastorna y ubica en culebrones de toda especie: clases sociales en descomposición, grupos familiares en luchas permanentes y apariencias de gran señores, autoridades vigilantes de las oportunidades y traspiés y zancadillas por doquier.

Es lo que sucede desde hace un tiempo en nuestra prefectura. Todo comienza en los intentos de mezclar agua y aceite para triunfar en las elecciones. Las alianzas entre mestizos e indígenas al poco tiempo revientan en racismos. Prosiguen las denuncias y luego las sentencias, que tratan de burlar la voluntad popular, convirtiendo a los denunciólogos o a las autoridades subrogantes en pretendientes al cargo permanente.

Solo falta que se sigan los métodos de Trump y tendremos golpes de mano sangrientos. Parece que la última serie en la Prefectura, terminó ayer y hoy continúa ya la nueva temporada. Esperemos que los nuevos capítulos no nos arranquen de la realidad, sino que nos ayuden a ubicarnos en tierra y comenzar a mejorar la existencia de los chimboracenses.

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