EL CALVARIO DE ALAUSÍ
El Cantón Alausí aporta su porción de magia a la provincia de Chimborazo. A mí me fascinaron siempre las alfombras multicolores de las laderas de Shushilcón, las máscaras de piedra con su nariz del diablo, el fluir calmado del chanchán bañando las orillas de Nizag, Sibambe y Huigra y el sabor de tren del oeste en las estaciones y calles del cantón.
Pero desde hace más de dos años un deslave descomunal cubrió varios barrios y la panamericana norte. Durante este lapso de tiempo, el tránsito ha circulado por varias rutas de aventura, sin que las entidades de gobierno local, provincial y nacional restauraran la E35, que tiene la fama de correr ininterrumpidamente desde Alaska a la Patagonia. El corte de Alausí quizá pasara inadvertido, gracias a la gestión de brazos de las comunidades y propietarios particulares, que establecieron a su costa y a su cobro, como en país de nadie, un peaje.
Pero la naturaleza no espera. El invierno de este año llegó también embravecido y, como ninguna gestión de riesgos se había impulsado, abrió nuevas grietas y carcomió más capas, erosionando de a poco toda una montaña, esta vez en el lado sur. Nuevamente hubo gritos y llanto de la población, que temió por su vida y perdieron tanto. Alausí otra vez cubierto de fango y piedras. De entre el lodazal vimos resucitar dos figuras embarradas, una madre y su niña, semejantes a esas estatuas que se moldean en los tornos del alfarero.
Ahora es un pueblo con un rostro marcado con dos cicatrices, una en cada mejilla, y cuya calle principal, que antes parecía una sonrisa engalanada de palmeras, restaurantes y hostales, apenas puede esbozar una sonrisa de tanta pena acumulada. En el rincón de su comisura, en el edificio municipal, se han reunido algunas autoridades para velar la tragedia; pero solo se escucha que siguen en desacuerdo sobre cómo salvar este cantón querido y evitar nuevos viacrucis. Ojalá San Pedro, que mira impertérrito el desastre desde su torre en medio del pueblo, no les niegue tres veces y ayude a encontrar un salvación antes de semana santa.
