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¡DOMINGO DE LA PALABRA!

El Papa Francisco hace algunos años estableció que el tercer domingo del Tiempo Ordinario se dedique a la Palabra de Dios.

Nos cuesta creer que debemos dedicarle un día especial a la Palabra de Dios cuando escucharla, vivirla y transmitirla debería ser la verdadera marca del cristiano.

¿Tenemos la Palabra en nuestras casas? ¿Está de adorno o en un librero empolvándose? No es necesario tener esas biblias lujosas y caras como adorno. De que en un hogar cristiano hay que tener una biblia, eso no debería discutirse. Lo importante es ver bien qué biblia tenemos.

Este domingo lo deberíamos considerar como una invitación muy especial para volver a lo esencial. Dios nos habla hoy. Su Palabra es viva y eficaz. Es Dios mismo que sale a nuestro encuentro, que camina con nosotros, que consuela al que sufre y cuestiona al que se ha instalado en la vida o que lleva una existencia rutinaria y nada comprometida con los demás.

Aprendamos a escuchar a Dios que nos habla. Dejémonos cuestionar por esa Palabra. Pudiéramos hacernos varias preguntas: ¿Qué me dice hoy Dios con esta Palabra? ¿A qué me compromete en mi vida de cada día? ¿Me dejo interpelar por esa Palabra o soy indiferente a ella?

No olvidemos que la Palabra de Dios no solo se escucha, se acoge, se medita y se vive. Dios te dice algo concreto a tu vida. Su Palabra nos impulsa a salir de nosotros mismos, nos compromete con los más pobres, nos lleva a trabajar por la justicia, a sanar heridas y a construir fraternidad.

Demos el lugar central a la Palabra en nuestras familias, comunidades y parroquias. Que sea ella la verdadera luz que ilumine nuestra vida cristiana y mueva el corazón para encontrarnos con Dios y con el hermano.

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