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Día Mundial de la Educación, una apuesta por el futuro

Este próximo 24 de enero se conmemora el Día Mundial de la Educación, proclamada por las Naciones Unidas para recordar que la educación no solo constituye un derecho humano fundamental, sino también es la base del desarrollo sostenible, la justicia social y la paz entre los pueblos.

La educación transforma vidas. Permite que las personas desarrollen un pensamiento crítico, adquirir valores, fortalecer la convivencia democrática y generar oportunidades reales de progreso. Es claro que ninguna sociedad puede aspirar a un futuro próspero si los Estados y los gobiernos no garantizan una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos sus ciudadanos.

Sin embargo, los desafíos siguen siendo enormes. Millones de niños, adolescentes y jóvenes en el mundo aún no acceden a una educación adecuada, ya sea por pobreza, desigualdad, conflictos, brechas digitales o lo que es peor, por exclusión social.

A esto se suman los retos contemporáneos: la rápida transformación tecnológica, la inteligencia artificial, la necesidad de educar para la paz, el cuidado del ambiente y la formación en valores humanos.

La educación debe entenderse como una responsabilidad compartida, que no solo compete a los Estados y a los sistemas educativos, sino también a las familias, a las organizaciones sociales, a las comunidades y a los líderes que creen firmemente que invertir en educación es invertir en dignidad y esperanza.

Conmemorar el Día Mundial de la Educación no debe quedar como un acto simbólico, sino un llamado a la acción. Implica renovar el compromiso de fortalecer la educación como motor de cambio, reducir las desigualdades y formar ciudadanos capaces de construir sociedades más solidarias, justas y humanas.

En nuestro querido Ecuador, la educación sigue siendo uno de los principales desafíos y, a la vez, una de las mayores oportunidades para el desarrollo nacional. A pesar de los avances en cobertura educativa durante las últimas décadas, persisten brechas significativas entre zonas urbanas y rurales, así como desigualdades vinculadas a la pobreza, el acceso a tecnología y la permanencia escolar. Fortalecer la educación pública, apoyar al magisterio y garantizar condiciones dignas para el aprendizaje son tareas urgentes si el país aspira a construir una sociedad más equitativa, productiva y cohesionada.

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