CUIDEMOS A LA MADRE TIERRA
Aquí y ahora es necesario descifrar los mecanismos que nos ha llevado a la crisis global y sistémica en la que vivimos. Así mismo, hay que proponer el cómo salir de ella y bien librados. Para ello, es preciso desaprender el paradigma mecanicista que está metido en nosotros hasta el tuétano y hacer un esfuerzo para iniciar de nuevo; e iniciar con humildad asumiendo que este paradigma, fundado solamente en la razón humana (que no toma en cuenta al corazón), también llamado racionalidad científico-técnico- y utilitaria, ha fallado de principio a fin.
Sí este paradigma ha fracasado, es necesario asumir otro, basado en el amor, en la humildad humana, en el sentirnos parte de todo, en el sabernos ser parte consiente de la creación. Esta nueva forma se sentir, de ser, de actuar, de vivir permitirá construir con una fuerza poderosa e imparable un mundo sustentable para la Vida. Por tanto, urge a la humanidad cambiar a una racionalidad del corazón que sin lugar a dudas se fundará entre otros aspectos en la metafísica (más allá de lo material) y en las diferentes sabidurías o modos de conocimiento (le llaman epistemología) que subsisten y que hoy se necesitan y se complementan.
Tareas: La primera, desbaratar las hipótesis erróneas de la modernidad individualista y antropocéntrica que quiere dominar todo: territorios, personas, naturaleza y los procesos de la vida y que ha llevado a una crisis global con procesos insostenibles y incompatibles a la vida, y que sí no aceleramos cambios en nuestra manera de ser y actuar, nos llevará al colapso de nuestra civilización y hasta a la desaparición de la especie humana.
La segunda tarea consiste en la creación y multiplicación de una nueva con-ciencia humana, que acepta un destino común: Tierra-Naturaleza-Humanidad, y que nos obliga amorosamente a compartir con la naturaleza respetando sus ritmos y sus ciclos. ¿Seremos humildes y sabios para aceptar esta tarea?
Hace poco tiempo me llegó una preciosa ilustración a mi facebook, que dice así: “La tierra no es del hombre, el hombre es de la tierra”. Esta frase a mi sentir, resume la actitud y propuesta que, por estos tiempos en todos los lares se está construyendo y consolidando: el cuidado a la Madre Tierra. La aceptación cada vez más global de esta verdad, es una de las buenas nuevas; es un signo de los tiempos. El hecho de que las/os seres humanos, de a poco aceptemos digna y humildemente esta verdad y la asumamos para vivenciar conforme ella, ya dice mucho de los cambios que están por darse y presentarse, dice mucho de los nuevos tiempos esperados.
Siguiendo el camino en el que podemos sentimos parte de la Madre Tierra y por el cual han transitado milenariamente seres humanos de buena voluntad y por el que caminará la nueva humanidad cuidando su casa (la única que tenemos), con vuestro permiso planteo que cuidar de la Madre Tierra también es alegrarse al infinito por su belleza, y cuidar de sus paisajes, del esplendor y vitalidad de sus selvas, páramos, playas y montañas, del encanto de su flora, de la diversidad de anibienes (se los dice animales); de la pródiga variedad de suelos, rocas y minerales; de la sorprendente presencia del agua en su diferentes estados; de la maravillosa y exuberante presencia de seres vivos.
Y sin llegar a ser antropocéntricos, cuidar de la Madre Tierra, es cuidar de nosotros los seres humanos, especialmente de los más vulnerables. Por tanto, cuidarla es cuidar de todo lo que nuestro talante ha producido en culturas diversas, por acá y por allá, y por más allá; en este tiempo y en todos los tiempos de la existencia humana, que por cierto está más allá de la concepción hebreo-greco-judía.
Cuidar la Tierra es cuidar nuestros idiomas, nuestras lenguas, con las cuales nos diferenciamos, nos interrelacionamos y nos distinguimos de los hermanos menores (los anibienes); cuidar de la tierra es cuidar del arte, de la ciencia, de todas las culturas; de todas sus espiritualidades y religiones por las que sentimos y nos damos cuenta de la Gran Presencia YO SOY, es decir del Dios Altísimo, que crea y cría y que subyace en todos los seres.
