¡BIENAVETURANZAS Y SANTIDAD!
Me ha llamado mucho la atención de que el Papa León XIV relacione las bienaventuranzas con la santidad. Él afirma: “La santidad no es un lujo espiritual ni un ideal inalcanzable, sino un camino posible y necesario para todos… la ruta trazada por las bienaventuranzas”.
Además, las señala como el camino que hay que recorrer para ser santos: “Queridos hermanos y hermanas, este es el camino de la santidad, y es el mismo camino de la felicidad. Es el camino que ha recorrido Jesús, es más, es Él mismo este camino: quien camina con Él y pasa a través de Él entra en la vida, en la vida eterna. Pidamos al Señor la gracia de ser personas sencillas y humildes, la gracia de saber llorar, la gracia de ser humildes, la gracia de trabajar por la justicia y la paz, y sobre todo la gracia de dejarnos perdonar por Dios para convertirnos en instrumentos de su misericordia”
Es que las bienaventuranzas no son un discurso bonito de Jesús sino una verdadera revolución silenciosa. Francisco las definía como la “carta de identidad del cristiano”.
Vivir las bienaventuranzas es asumir el mensaje central de Jesús. Es que ellas nos presentan los valores que deben guiar y normar nuestra vida cristiana: pobreza, mansedumbre, llorar con los que lloran, hambre y sed de justicia, misericordia, la pureza de corazón, el compromiso de trabajar por la paz, soportar la persecución por Cristo y su Reino. Indudablemente, estos valores, este proyecto de vida que plantea Jesús, son contrarios a lo que el mundo nos presenta: poder, injusticia, egoísmo, violencia, riqueza, persecución.
Seamos profetas de una humanidad nueva, de un modo nuevo de vivir. Asumiendo la profecía de las bienaventuranzas seremos santos
