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Avanzar

Hay decisiones que no llegan forjadas en certeza, sino en silencio; no traen promesas claras; solo la intuición persistente de que quedarse es más costoso que avanzar. Elegir en esos momentos no es un acto de supervivencia, sino de coraje, porque decidir implica aceptar que no todo saldrá como lo esperamos, y aun así, continuar.

La vida no siempre responde a nuestros planes; a veces se tuerce, se resiste, nos obliga a soltar lo que creíamos definitivo, pero incluso en la incertidumbre, el riesgo es una forma de fidelidad con uno mismo. Arriesgarse no es imprudencia, es reconocer que el crecimiento rara vez ocurre en terreno cómodo y continuar, cuando el resultado es incierto, es una disciplina silenciosa.

Significa sostener el esfuerzo aun sin reconocimiento, confiar en oportunidades que todavía no se ven y comprender que cada paso, aunque imperfecto, nos permite aprender, pues no todo intento prospera, pero todo intento enseña. Hay caminos que no conducen a donde imaginamos, pero sí a donde necesitamos estar; la oportunidad no siempre aparece como recompensa inmediata; a veces se presenta como aprendizaje, como resistencia, como una versión más firme de quien somos.

Decidir, arriesgarse y continuar no garantiza éxito, pero sí dignidad… y al final, no es la ausencia de tropiezos lo que define una vida plena, sino la voluntad de seguir caminando con sentido, aun cuando el horizonte cambie, pero no nuestra convicción.

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