Carta para un padre que no acepta a hijo gay
Padre.
Nadie enseña cómo ser papá de un hijo que ama diferente a lo que uno soñó. A veces la vida nos pone frente a realidades que rompen la idea que teníamos de la familia “perfecta”. Pero amar no es imponer un molde, amar es abrazar la verdad de quienes más queremos, aunque no la entendamos del todo.
Su hijo no eligió ser gay. No es un capricho, no es una moda, no es rebeldía. Es parte de quién es, de la misma forma que usted no eligió a quién amar cuando era joven. Imagínese por un momento qué sentiría si alguien le pidiera que niegue su corazón y viva una mentira para complacer a los demás.
No hay crítica, reproche o humillación que cambie la esencia de su hijo. Lo único que logran las palabras duras es quebrar algo sagrado la confianza entre padre e hijo. Y esa confianza, cuando se rompe, duele más que cualquier herida del mundo exterior.
Quizá usted no comparta ni entienda, pero su hijo necesita saber que, incluso en la duda y la incomodidad, su amor de padre está intacto. Pregúntese. ¿Qué quiero que recuerde de mí cuando ya no esté? Un padre que lo rechazó por ser quien es? O un padre que, aunque le costó, eligió quererlo más que juzgarlo? A veces el orgullo de padre se mide no por lo que exige, sino por lo que abraza sin condiciones. Y, créame, no hay paz más grande para un hijo que saber que, a pesar de todo, su hogar sigue siendo un lugar seguro.
Si va a criticar, que sea sólo para enseñarle a ser mejor persona, nunca para avergonzarse por amar. Si va a hablar, que sea para recordarle que lo suyo siempre fue y será darle amor. Porque el amor de un padre es la herencia más poderosa que puede dejarle.
Que su hijo pueda decir con orgullo “Mi papá no me negó. Mi papá me amó como soy.
