Camus y Mumma: en Búsqueda de la Verdad
El prominente pensador agnóstico, Albert Camus, recreo una reputación basada en el existencialismo como una forma de encontrar un propósito en medio del caos, de la desolación, de la tristeza, del dolor. Su posición fue pública, y su reconocimiento en ciertos círculos académicos crecía constantemente. Camus experimentó la estatura del reconocimiento notorio, donde las dudas existenciales pueden ser escondidas, pero no son apagadas. Fue difícil mostrar un cambio de posición argumentativa porque su prestigio dependía de la posición actual.
Camus vivía entre su creciente reconocimiento y su desesperanza, una búsqueda de un propósito que nunca terminó de ser encontrado. Camus había encontrado un amigo que se escondía detrás de los pasillos de la fama, era el pastor norteamericano Howard Mumma. Mumma trabajaba de ministro en Paris, donde conoció a Camus. En uno de sus encuentros, Camus le confesó que “estoy buscando algo que no tengo, algo que no estoy seguro que pueda definirlo” (El existencialista hastiado: conversaciones con Albert Camus).
Para Mumma, era obvio que Camus estaba buscando la verdad, pero su creciente reconocimiento como pensador agnóstico se convirtió en una barrera casi imposible de quebrantar. A muy poco de su muerte, Camus le preguntó: “¿realizas bautismos privados?” La respuesta de Mumma fue muy clara: “el bautismo es una confesión pública de nuestra relación con Dios… es la señal de haber nacido de nuevo para el crecimiento espiritual, recibir perdón porque has pedido perdón a Dios por todos tus pecados”.
Camus deseaba un bautismo privado, pero Mumma no podía acceder a ello, la razón era clara: somos fríos o calientes, pero no tibios porque la hipocresía es aberrante a la verdad. Camus murió el 4 de enero de 1960 sin haber realizado un bautismo público, pero nos ha dejado la duda de si su búsqueda de la verdad encontró un fin deseado. El poeta John Dryden diría “primero creamos nuestros hábitos, luego nuestros hábitos nos poseen”. La vida pública de agnosticismo se engendró como el peor obstáculo de Camus para encontrar la verdad.
