COLUMNISTAS

EL TALÓN DE AQUILES

En la Ilíada de Homero, el héroe tracio Aquiles, hijo de diosa y de hombre, es invencible. Frente a los muros de Troya, encolerizado, da cuenta de las vidas de muchos enemigos. Sólo su talón es vulnerable y será al final el lugar por donde rendirá su alma al Hades.

El Aquiles de Guayaquil tiene también un talón sensible y es el que lleva un marcapasos, con el que la justicia ciega, que no es sorda, oye a diario a dónde va y de dónde viene. Y  por allí también quieren matarlo. Eliminarlo como líder, argumentando que se va a fugar, que se va a esconder, que lo van a perder.  Igual que los troyanos, encerrados tras los muros de sus mansiones, temen que este héroe popular entre en cólera y les dispute en sus murallas el poder con el que hoy aplastan a los enemigos.

Sus murallas están hechas de tribunales  y burócratas que  presurosos, aún de madrugada, invaden dormitorios y oficinas para llevar cualquier indicio de algún caballo de Troya u otra arma secreta escondida. Cuando lo tienen detenido, lo primero que revisan es  el talón de Aquiles y por allí pretenden inocularle el cuento,  anunciando que no tenía el marcapasos, que le han cogido in fraganti, que lo mejor es llevarlo preso y meterlo en prisión preventiva. Agencioso el fiscal y los cabildos supongo que temen, que volverá a su isla del Guayas, como lo hizo Odiseo y desde esa Itaca, comenzará la reconquista de las murallas que ya ha oteado desde el edifico de la Fiscalía mirando en dirección sur, hacia el panecillo.

Ahí están habrá dicho, las puertas de Alcalá. Volveré y seremos miles; nos cubriremos bien tantos que llevamos marcapasos en el talón de Aquiles y ahí veremos cómo acudirán prestos cerrajeros y fiscales a romper nuestros candados.

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