COLUMNISTAS
Digas lo que digas eres lo que haces
Las palabras pueden adornarse, justificarse o incluso engañar los actos no. Lo que hacemos, de manera constante, termina revelando quiénes somos más allá de lo que proclamamos ser. La ética no vive en el discurso, sino en la conducta cotidiana.
Uno puede decir que ama, que cree, que defiende valores pero si sus acciones no los encarnan, todo queda en ruido. Al final, el mundo no nos lee por lo que decimos, sino por lo que dejamos hecho en los otros.
Por eso, más que cuidar el discurso, quizá lo esencial sea hacerse responsable de los propios actos, porque ahí y solo ahí se juega la verdad de uno mismo, muy profundo para unos e incomodo para otros.
