EL PODER NO ES PARA SIEMPRE
Lo acontecido el 3 de enero del presente año con la captura de Nicolás Maduro, presidente del Venezuela, como se hacía llamar, deja una serie de preguntas más que respuestas de lo que realmente pasó aquella madrugada que fue detenido por fuerzas especiales de los Estados Unidos.
Asumió el poder en abril del 2013 luego de 14 años de gobierno de Hugo Chávez, se reeligió en 2019, y volvió a “triunfar” en las elecciones de 2025, tenía planificado estar en el poder hasta el año 2031. La tendencia política e ideológica que representaba fue la que le heredó de Hugo Chávez, quien desde 1999 impuso la revolución bolivariana para terminar con la corrupción, salvar de la pobreza al pueblo venezolano e impulsar el desarrollo de la hermana nación caribeña a través de la implementación de la revolución del siglo XXI.
La real intención era quedarse de largo para con subsidios, arengas revolucionarias y decisiones económicas bolivarianas mantenerse en el poder, que al parecer no tenían la más mínima intención de dejarlo.
Así se configuró un estado represor y dictatorial que difícilmente sería remplazado por otra tendencia política de oposición. Quien fungía de presidente hasta llegó a decir en tono desafiante y confrontativo “…de aquí no me saca nadie …”.Esa era la disyuntiva y el destino para muchos años del pueblo venezolano, mientras seguía perpetrándose la diáspora más grande producida en América.
Tuvo que pasar cerca de un año para que se ponga fin a esta abusiva pretensión, hoy se encuentra lejos del poder del que difícilmente volverá a acariciarlo. No es el primer caso de un hombre excéntrico, también lo fueron Idí Amin en Uganda, Bokassa en la República Centroafricana, Muamar el Gadafi en Libia, Bashar al-Asad en Siria, entre muchos otros, hombres sanguinarios que parecían fuertes, intocables, con poder y gran gloria, con ínfulas de perennizarse en el poder, todos fueron derrocados terminando en un angustioso y triste final.
Lo paradójico: algunos se creen que son los predestinados, que son los únicos llamados para estar de cargo en cargo, que se sacrifican por servir al pueblo, desean hasta reelección. Es la antesala de los inicios de la perdición, terminando en actos de corrupción.
Moraleja: “Por más poder que tengas, algún día terminarás dejándolo para ser uno más, mientras más grande el poder exhibas, más grande será la caída”, todo depende de tus actos y tu legado”
