El apogeo de la avaricia en Ecuador
La avaricia es buena, enunciado de Adan Smith, que parece fue tergiversado por mercaderes, prestamistas, emprendedores de la época, los primeros capitalistas, que no dudaron en utilizar los peores actos de barbarie, en su afán de acumulación desenfrenada, contrario al postulado del interés propio en un marco de justicia y moralidad.
El Ecuador de hoy, convertido en un narcoestado, parece replicar las periódicas atrocidades capitalistas con nuevos actores: empresarios, banqueros, autoridades políticas, de seguridad, modelos e influencers aupados en medios de comunicación, cuya desenfrenada codicia, no les permite entender el terrible daño, a los consumidores de droga, a los sitios de producción, procesamiento, transporte y distribución, convertidos en escenarios de guerra, de violencia desbordada, por la que hoy nuestro país transita.
Quienes han optado por la farándula, y, han caído en las garras de la avaricia y la acumulación, no son víctimas, son cómplices de la violencia que el narcotráfico, la extorción, los crímenes y asesinatos, que hoy agobian nuestra sociedad; en su afán de ser parte del desbordado glamour que el modernismo salvaje que el mundo actual ofrece, no dudan en ser parte de las atrocidades que el tráfico de drogas conlleva; así, como en su época fue la esclavitud de seres humanos en África, el genocidio de los aborígenes de América, la expulsión de los campesinos en el mismo Reino Unido, la guerra del opio en China y muchos actos de barbarie a lo largo de la historia.
