Gabriela Rivadeneira podrá arreglar la fractura de la Revolución Ciudadana
¿El retorno de Gabriela Rivadeneira profundiza o arregla la fractura interna de la Revolución Ciudadana? Evidencia un problema clave: la falta de confianza ciudadana.

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El regreso de Gabriela Rivadeneira al escenario político ecuatoriano no ha significado el cierre de heridas internas en la Revolución Ciudadana, como la pugna interna y la posterior salida de Marcela Aguiñaga, prefecta del Guayas que anunció la creación de su propio movimiento político.
Por el contrario, su retorno ha expuesto con mayor nitidez una fractura que el movimiento arrastra desde hace varios años y que hoy se manifiesta en su mayor debilidad: la falta de confianza ciudadana.
Lejos de consolidar un proceso de renovación o de reconciliación interna, la designación de Rivadeneira ha reactivado tensiones políticas, cuestionamientos a la democracia interna y un debate inevitable sobre la desconexión entre la dirigencia del movimiento y la sociedad ecuatoriana actual.
Un retorno que profundiza el conflicto
La figura de Gabriela Rivadeneira no llega a un escenario político neutro. Su trayectoria está vinculada a una etapa de alta polarización, confrontación institucional y liderazgos verticales que, aunque mantuvieron respaldo en su momento, hoy generan distancia en amplios sectores de la ciudadanía.
En un país donde el electorado ha demostrado mayor madurez política y menor tolerancia a las imposiciones, su regreso no ha despertado entusiasmo.
Así lo demostró con los resultados de la consulta popular y referéndum del 2025.
Más bien, ha reforzado la percepción de que la Revolución Ciudadana sigue mirando hacia atrás en lugar de interpretar las demandas del presente.
La fractura interna que se proyecta hacia afuera
Las críticas a Rivadeneira no provienen únicamente de la oposición política. Desde el interior del propio movimiento surgen cuestionamientos que evidencian una crisis más profunda.
El activista político Lenín Rojas lo resume con claridad al señalar que “saliendo de la burbuja de la Revolución Ciudadana, Gabriela Rivadeneira no genera confianza en la sociedad ecuatoriana”.
Esta afirmación refleja un problema estructural: la brecha entre la lógica interna del movimiento y la percepción ciudadana.
La Revolución Ciudadana parece seguir midiendo su fortaleza en función de consensos cerrados, mientras la sociedad evalúa coherencia, renovación y credibilidad.
Uno de los elementos que agrava esta fractura es la forma en que se ha producido la designación de Rivadeneira.
La ausencia de procesos participativos amplios refuerza la idea de una dirigencia que toma decisiones desde la cúpula, sin consulta real a la militancia ni lectura del contexto social.
Este tipo de prácticas contradice el discurso de democracia interna que el movimiento ha sostenido históricamente y alimenta la desconfianza ciudadana. En la política actual, la forma en que se toman las decisiones es tan importante como las decisiones mismas.
Militancia cohesionada, ciudadanía distante
La Revolución Ciudadana enfrenta una contradicción central: puede mantener cohesión en ciertos sectores internos, pero pierde conexión con la ciudadanía en general.
La figura de Rivadeneira funciona como un ejemplo de esta tensión. Su respaldo dentro de estructuras partidarias no se traduce automáticamente en legitimidad social.
El electorado ecuatoriano ya no responde únicamente a símbolos del pasado ni a liderazgos históricos. Exige señales claras de cambio, apertura y autocrítica. En ese contexto, el retorno de figuras asociadas a ciclos políticos anteriores refuerza la sensación de estancamiento.
El peso del pasado en la confianza política
La memoria social juega un rol determinante en la política ecuatoriana. Para una parte importante de la ciudadanía, Gabriela Rivadeneira representa un periodo político que dejó profundas divisiones.
Sin una narrativa clara de transformación o aprendizaje, ese pasado se convierte en un obstáculo para construir confianza en el presente.
La falta de conexión territorial reciente y la ausencia de un discurso renovado limitan su capacidad de ampliar su base de apoyo más allá del correísmo duro.
La desconfianza ciudadana no es solo un problema de imagen; tiene consecuencias electorales concretas. De cara a las elecciones seccionales, la Revolución Ciudadana enfrenta el riesgo de no lograr ampliar su respaldo si persiste en decisiones que profundizan su fractura interna.
La política local exige liderazgos cercanos, legitimados socialmente y capaces de articular consensos amplios. La imposición de figuras que generan rechazo fuera del núcleo partidario puede traducirse en pérdida de espacios territoriales.
Una fractura que define el futuro del movimiento
El caso de Gabriela Rivadeneira evidencia un dilema de fondo para la Revolución Ciudadana: cerrar su fractura interna mediante renovación real o profundizarla insistiendo en liderazgos que no generan confianza ciudadana. La respuesta a este dilema será clave para su supervivencia política en un entorno cada vez más competitivo y crítico.
En un país donde el voto informado ha ganado protagonismo, la confianza se ha convertido en el recurso político más escaso. Y hoy, esa fractura sigue abierta.
Preguntas frecuentes sobre el regreso de Gabriela Rivadeneira
¿Por qué Gabriela Rivadeneira genera división dentro de la Revolución Ciudadana?
Porque su designación es percibida como una imposición y su figura está asociada a un periodo político que hoy genera rechazo en amplios sectores ciudadanos.
¿La falta de confianza hacia Rivadeneira es solo un tema interno?
No. La desconfianza se extiende a la ciudadanía, lo que convierte el conflicto interno en un problema de legitimidad social.
¿Cómo afecta esta fractura a las elecciones seccionales?
Reduce la capacidad del movimiento para ampliar su base electoral y competir con fuerza en territorios donde se exige liderazgo cercano y renovado.
¿Qué demanda hoy la ciudadanía ecuatoriana a los movimientos políticos?
Democracia interna real, renovación de liderazgos, cercanía territorial y coherencia entre discurso y práctica.
