COLUMNISTAS

DÍA INTERNACIONAL PARA LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

No es un día cualquiera. Cada 25 de noviembre, el mundo debe mirar de frente hacia una realidad dolorosa: la violencia contra la mujer sigue siendo una herida doliente, abierta, sangrante en nuestras sociedades. No es un problema ajeno a cada uno de nosotros, pero lejano; está en nuestros hogares, nuestras calles, nuestros entornos laborales y comunitarios. Permanece silenciado o lo silencian o lo peor, nosotros mismos lo silenciamos. Por desgracia es una herida que atraviesa generaciones.

Se manifiesta de mil caras y formas: física, psicológica, sexual, económica, laboral, hogareña, en un simple diálogo. Pero todas comparten un mismo origen: la desigualdad.

Allí es donde las mujeres siguen enfrentando barreras, prejuicios y estereotipos, y esta maldita violencia ahí encuentra los espacios para dimensionarse.

Nuestra América Latina, la región con mayores índices de violencia de género y nuestro Ecuador inmersa en ella, aquí la lucha es urgente. Cada vida perdida, cada historia de silencio, cada niña o mujer que teme hablar, las lágrimas silenciosas que se derraman por las mejillas candorosas, nos dicen que no es suficiente con indignarnos, que es necesario actuar, con valentía y sin miedo.

No es una cuestión de Estado, que siendo fundamental, requiere además, un férreo compromiso y cotidiano de todos y cada uno de nosotros.  Educar en el respeto, en valores (ya casi inexistentes), cuestionar patrones culturales, promover relaciones sanas y denunciar cuando la vida o la integridad de una mujer están en riesgo. Debe ser nuestro accionar ético, social y humano.

En este día y todos los días, debemos unirnos sin distinciones: hogares, familias, escuelas, empresas, organizaciones sociales, iglesias, clubes de servicio y ciudadanía en general.

La prevención empieza con la educación, con la empatía, la protección, la justicia, el valor, el coraje, la decisión firme de no tolerar ninguna forma de violencia.

Nuestras comunidades deben estar preparadas para mandar al “cuerno”, toda forma de violencia, control o maltrato, sin tolerar ni justificar actitudes que ponen en riesgo la vida de las mujeres.

Este modesto artículo es una manera de aportar, levantando la voz, reclamando por un presente y un futuro inmediato donde nunca más una mujer tenga que sobrevivir con miedo. Un mundo de igualdad y de respeto. A la mujer no le puedes topar “ni con el pétalo de una rosa”.  

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