Carolina Jaramillo y el desafío de ser la voz del presidente Daniel Noboa
Carolina Jaramillo enfrenta el reto de ser la vocera del presidente Daniel Noboa en medio de tensiones políticas, contradicciones y desgaste comunicacional.

Todos los lunes desde el palacio de Carondelet, Carolina Jaramillo se presenta en el salón azul frente a los medios de comunicación del país y los corresponsales internacionales como la vocera del presidente Daniel Noboa.
El nombramiento de Carolina Jaramillo como vocera del presidente Noboa
La designación y creación del nuevo cargo que ocupa Carolina Jaramillo como vocera del gobierno ha generado percepciones divididas.
Jonathan Segura, docente universitario hace un análisis en que su nombramiento representaba inicialmente una apuesta interesante.
Se trataba de una comunicadora que no hizo campaña por el régimen y que incluso había sido crítica de ciertos temas, lo cual otorgaba credibilidad y frescura a la vocería.
Sin embargo, el tiempo y las coyunturas políticas han expuesto tensiones y vacíos en su gestión.
Por un lado, Segura destaca que Jaramillo cumple un rol simbólico y técnico, tratando de ser un puente entre la institucionalidad y los medios, en un gobierno que carece de líderes con vocería sólida.
Tensiones y desafíos en la comunicación oficial

Su figura aparece como necesaria en un contexto donde el presidente mantiene un perfil austero con siempre cortas intervenciones y los ministros se muestran distantes, callados o poco propositivos.
En esa ausencia, la responsabilidad recae casi totalmente sobre ella, lo que genera sobrecarga y desgaste.
Sin embargo, con el paso del tiempo y la coyuntura evidencia que hay una desconexión existente entre la narrativa que pretende instalar la vocera y las acciones concretas del gobierno.
Contradicciones entre discurso y acciones del gobierno
Casos como las marchas contra la Corte Constitucional o los episodios de confrontación con periodistas muestran que la comunicación oficial carece de coherencia.
Mientras Jaramillo niega la participación del gobierno en ciertas iniciativas, la presencia activa de gobernadores o medios públicos revela contradicciones que erosionan la credibilidad.
Esa inconsistencia genera la percepción ciudadana de engaño, debilitando aún más la confianza en la vocería.
No obstante, Jaramillo ha optado por un estilo firme y confrontacional que, si bien marca una diferencia con la diplomacia tradicional, ha provocado fricciones con la prensa y cierta distancia con la ciudadanía.
La centralización de la comunicación en una sola vocería limita la capacidad de respuesta del gobierno frente a múltiples crisis simultáneas.
Conclusiones sobre la vocería y su impacto político
Es por ello que se alza la mirada a los ministros y lsu falta de visibilidad y de voces articuladas revelando un vacío estructural en la estrategia comunicacional del régimen.
En conclusión, la vocería de Carolina Jaramillo partió como un acierto estratégico para dotar de credibilidad y frescura a la comunicación gubernamental, pero el aislamiento en que se encuentra, sumado a la falta de coherencia y coordinación con otras instancias del gobierno, ha derivado en desgaste.
Siendo Jaramillo quien ha asumido los roles que en su momento tenía el exministro de Gobierno, José De la Gasca, o lo que ocurrió en el primer año de gobierno de Daniel Noboa con el entonces ministro de Transporte, Roberto Luque.
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