| |
| Riobamba, Ecuador. 8/9/2010 |
|
La ciudad se sumerge en la luz de las velas
|
|
|
Hace tres meses María Rivera se ganaba la vida vendiendo mollejas en uno de los sectores aledaños al Comando de Policía. Apretada por la situación económica y con tres hijos que alimentar, la mencionada mujer decidió armarse con un pequeño bracero, una olla y un escaso capital y, salir a la calle a ganarse la vida. La venta no era mala. Por esa calle a diario circulaban decenas de hombres y mujeres de toda edad, que en horas de la tarde regresan a sus hogares. Pero hace dos semanas que la realidad cambió. Con los cortes de luz, que pasando un día llegan a este sector en horas de la noche, el negocio de María se vio afectado. “Me dio un poco de miedo, señala la joven madre, porque aquí a oscuras suele ser peligroso, se ha escuchado que hay robos, pero si dejo de salir un día a la mañana siguiente no tengo para el desayuno o para comprar cualquier lápiz o borrador que necesiten mis hijos, así que de todas formas tengo que salir”. Esta noche tampoco hay luz. Eso ya no le incomoda a María ni a dos de sus pequeños hijos que la acompañan. Mientras habla, apenas las facciones de su rostro se dibujan en medio de las tinieblas que de rato en rato se dispersan, por el resplandor de los carbones con que mantiene caliente el mote en una de las ollas.
Como María, los más de trece millones de ecuatorianos que habitamos en el territorio nacional, estamos sumidos en un problema que a todos nos ha cambiado la vida. Y es que la energía eléctrica a partir de la industrialización del mercado, se ha convertido en el motor fundamental para el funcionamiento de los elementos que ayudan en las tareas de la cotidianidad laboral, doméstica, estudiantil, es decir, en todas las acciones que realizamos como seres humanos.
La última vez que los apagones minaron al Ecuador fue en 1997, ocasión en la que Raúl Baca Carbo, entonces Ministro de Energía, fue inmediatamente sacado de su cargo. Doce años después, el problema que parecía superado se repite.
La situación de la Central de Paute
La caída de generación de la central hidroeléctrica Paute, la más grande del país, cuya capacidad es de 1.000 megavatios, anunció en las semanas pasadas los efectos que ahora nos encontramos viviendo. La crisis eléctrica obedece a que el caudal del río Paute bajó a 31,2 metros cúbicos por segundo (m3/s). El promedio del caudal de Paute, en condiciones normales, es de 95 m3/s. Esta situación ha propiciado que Paute genere apenas al 29% de su capacidad, alrededor de 300 MW. Si el sistema eléctrico nacional tuviera solo a la central Paute operando, esta generación serviría para abastecer de luz al país, apenas durante seis horas al día.
“Históricamente nunca se habían registrado caudales menor a 50 metros cúbicos por segundo (m3/s), ahora tenemos veintitrés o veinticinco metros cúbicos por segundo (m3/s)”, señala el Ing. Jhoe Ruales, gerente general de la EERSA. Como es de suponerse estos niveles tan bajos, han ocasionado que la respuesta inmediata sea el corte de la energía eléctrica en todos los rincones de la nación. Esto a su vez ha significado que los espacios de actividad de los ecuatorianos se vean afectados. “Es una gran dificultad tener que suspender el servicio, apunta el gerente de la EERSA, porque causa la molestia a todos los que usamos la electricidad, más aún el comercio e industria, problema que se origina por las condiciones hidrológicas deficientes en las que se encuentra el país, no hay suficiente oferta de energía para cubrir la demanda que tenemos”.
Reacción y búsqueda de culpables
Es de suponer a la vez que la reacción posterior a las tinieblas es la búsqueda de culpables. José Pillegui, experto en temas eléctricos, menciona en una de sus publicaciones electrónicas que la responsabilidad de esta situación recaería en el gobierno, pues las acciones emprendidas por el Régimen para evitar los racionamientos no han sido eficientes, ya que han concentrado su interés en los mega proyectos hidroeléctricos y, se ha dejado de lado a los pequeños proyectos termoeléctricos. Se menciona además que a escala internacional se anunció la cercanía de una época de sequía y que con ello se pudieron tomar medidas a tiempo. “Una de las causas principales para vivir esta escasez, añade el Ing. Ruales, es la situación hidrográfica, aunque se han tomado previsiones al construir nuevos proyectos independientes a la hidrografía, tenemos recursos hídricos suficientes para entrar a solucionar la energía, lo que sucede es que siempre son proyectos de mediano y largo plazo, incluso la compra de elementos termoeléctricos, o compra de barcazas son acciones que tienen su tardanza para poder apalear el problema”,
En la fábrica de lácteos Real Ruiz, la discusión del por qué de los apagones tiene otra importancia. Aquí la falta de luz, complica el trabajo de todos los días pues los productos con los que se labora están en peligro. Ernesto Asitimbay, trabajador de la fábrica señala que el problema principal es la falta de corriente para mantener activo el cuarto frío. “Ese es el espacio donde guardamos todos los quesos que producimos, dice el joven, cuando no hay luz no se puede encender entonces los quesos sufren las consecuencias, se hinchan y si esto avanza un poco más, se dañan, lo que nos toca entonces es botarlos a la basura, eso es pérdida para los dueños de la empresa”. El proceso de pasteurización también está complicado. La falta de agua fría para regular el cuaje, debido a la inactividad de la bomba que extrae el líquido de una cisterna, ha causado este inconveniente. Mientras el apagón dura los cuatro trabajadores que laboran en estas instalaciones se dedican a enfundar los quesos o realizan otras labores manuales, a la espera de poder reiniciar el trabajo de las máquinas. “No hemos escuchado nada acerca de nuestros puestos de trabajo, ojalá que la situación cambie pronto para que las pérdidas no sigan avanzando y puedan complicar nuestra estabilidad laboral así como la inversión de los propietarios” dice Ernesto.
Las pérdidas
Al 15 de octubre de este año el INEC informó de una tasa de desempleo del 9,1 %, un subempleo del 51,7 %, lo que engrosa la pobreza que se midió en 38,3 %. Un panorama que parece complicase más con el promedio de $20 millones diarios en pérdidas se registran en el país por el inicio de los racionamientos de energía. Las industrias solo pueden generar un 50% de los ingresos que normalmente producen. Esta falta de continuidad en la entrega del servicio eléctrico preocupa a los sectores industriales, artesanales, estudiantiles, es decir a todo el país, por ende es necesario que de alguna forma se coordinen los efectos del estiaje, empezando por organizar e informar los horarios de cortes en las respectivas ciudades.
“No hemos tenido en 12 años dificultades de suspensión de energía en el país, acota Jhoe Ruales, por ende este problema nos toma de sorpresa, debemos aceptar que si hubo una tardanza para avisar de cuáles serían los cortes de energía, pero nosotros como empresa de distribución inmediatamente que conocemos esta particularidad informamos a los medios de prensa la información suministrada por el CENACE, para que se tomen las medidas respectivas, un ejemplo de este trabajo es el contacto que hemos tenido con las cámaras de producción de la ciudad, con la cuales hemos coordinado los horarios para evitar percances”.
En la provincia de Chimborazo existen 18 mil talleres artesanales legalmente trabajando. Peluqueros, mecánicos, sastres, electricistas, todos laborando con el objetivo de ganarse la vida, objetivo que se ha visto golpeado con la llegada de la oscuridad. El Ing. Pedro Gómez, Presidente de la Junta de Defensa de los Artesanos, sabe que el panorama que estamos soportando no es nada alentador. “Los artesanos están siendo perjudicados, señala Gómez, porque se requiere necesariamente de los implementos eléctricos para el desarrollo normal de nuestros productos, no vamos a echarle la culpa a nadie, todo esto es un proceso, todos los gobernantes de turno debieron hacer algo por la energía eléctrica, lo que hay que lograr ahora es que no tengamos que limitar nuestro trabajo ni a nuestros operarios”.
Copiando llaves
En los 10 años que José Luis Lema lleva trabajando cómo copiador de llaves, no recuerda haber vivido un episodio como este. Su pequeño taller, abierto hace unos cuantos meses recibe a diario decenas de personas que quieren una copia de llave, así como una reparación de cocinas, licuadoras y planchas. “Sin luz no puedo hacer nada pues la máquina es eléctrica, lo malo es que los cortes son prolongados, ayer por ejemplo cortaron la luz a las cuatro, a esa hora cerré, ahora que regreso temprano para terminar el trabajo pendiente, tampoco hay luz, es un día perdido”. Cuando los días son buenos un promedio de 20 llaves se trabajan en una hora. Si el corte se prolonga por cuatro horas, son ochenta llaves las que se pierden. Es cierto que esto causa la molestia de los usuarios, quienes tiene que esperar de un día a otro por su copia, cuando en condiciones normales está se realiza en cinco minutos. Pero más allá de eso está la preocupación de José Luis por los recursos que empiezan a escasear. Para implantar este taller invirtió algo de capital, el mismo que se debe recuperar lo más pronto posible, claro que cuando decidió esto, no contaba con la presencia de los apagones. “Compré una máquina de sacar copias en ochocientos dólares, claro que hay más baratas, pero está dura un poco más, lo que nos queda es esperar que la situación mejore, sino estamos de brazos cruzados frente al trabajo”.
La educación no se salva de la crisis
Los centros de educación tampoco se han salvado de esta crisis. Poseedores de espacios de educación que tiene que ver con la tecnología y por ende con la corriente de electricidad, se han visto en la obligación de detener esas enseñanzas o, como en el caso del SECAP, apelar a la colaboración de maestros y estudiantes para superar este impase. En este establecimiento de educación técnica la luz los abandona alternadamente en las mañanas y las noches. “Cuando se va la luz, las máquinas con las que trabajan los estudiantes están paralizadas” señala el Ing. Elvis Arguello, Director de la Institución. El caso más extremo es el que sufren los estudiantes de la sección de metal mecánica. Las máquinas que funcionan totalmente con luz eléctrica, no sirven durante los cortes, lo que impide que ellos puedan realizar sus prácticas. Se ha tenido que coordinar un horario pasado las once de la mañana, para recuperar en algo las pérdidas que ocasionan los cortes de energía. “En las noches los cursos que damos son otro factor que nos tiene con preocupación, pues este sector no es muy seguro, y si se va la luz peor, los asaltos y robos pueden perjudicar a los estudiantes” acota el Director del SECAP. Aunque no han sufrido ningún problema respecto al daño de maquinaria, no se descuida los pasos que tiene que dar cuando se va la luz.
Opciones para enfrentar el problema
Las opciones para enfrentar la crisis van desde prender velas a todos los santos en ruego de que llueva, hasta la compra de motores de generación térmica. De hecho, es este tipo de energía, la no producida hidráulicamente la que debería, teóricamente, ayudar a superar el problema. Lo malo es que en el país las centrales que realizan ese trabajo o están en mantenimiento, o no tiene dinero para combustible, o simplemente no funcionan. Uno de los planes que se han puesto en marcha es el de las barcazas, que aún no empiezan a funcionar, y cuyo producto energético está en cuestionamiento.
Pero mientras en las esferas del poder se discute quien es el culpable de esta crisis y cuáles son las soluciones menos graves, en la sociedad la vida continúa y con ella las necesidades de un pueblo que trata de no dejarse vencer por este conflicto.
José Tixi por ejemplo, sacrificó la luz de su casa por seguir atendiendo su negocio. Es peluquero y su local ubicado en el sector aledaño al parque la Libertad siempre está llena de luz. Un motor que se deja escuchar a varios metros de distancia, es el que hace las veces de fuente para que José pueda seguir cortando el pelo y por ende, llevando el sustento hasta su hogar. El motor no es nuevo. José y su familia viven en el sector de Nuevos Horizontes de El Troje, un barrio en el que aún no se cuenta con luz. Desde ahí ha traído este aparato al que lo llena con gasolina todos los días para que siga funcionando. “Los clientes se incomodan cuando en medio del corte se va la luz, dicen que regresarán, pero ya no regresan y eso significa una pérdida” señala el peluquero. Cada hora por lo menos seis son los cortes de cabello que realiza en su taller. Treinta cortes por seis horas de apagones le representaría 45 dólares, y ese es un lujo que no puede darse. Por eso ha decidido que mientras duren los apagones el motor seguirá en su taller de trabajo y las velas y la oscuridad estarán en su casa, algo a lo que él y su familia, están acostumbrados. “Cuando salimos de aquí y no hay luz es peligroso, hay gente que se esconde en el parque para asaltar, ya hemos llamado varias veces a la policía, pero no ha venido a darse una vuelta, este lunes a mi casi me asaltaron” dice con tristeza.
Baja el comercio
En la cancha de La Dolorosa la situación para José Robalino es similar. Aunque todo el sector está a oscuras, él sigue con la venta de pinchos. Su carreta resalta en medio de la oscuridad como si fuera un árbol de navidad encendido. Las luces de neón se reflejan en el material del que está construido el pequeño vehículo, y se vuelve una atracción para los peatones que, a oscuras, avanzan hasta sus hogares. “Esta carreta es un invento mío, dice José, hace 15 años vendo pinchos en los pueblos y ahí a veces dan luz y otras no, por eso mejor decidí comprarme un motor y trabajar independientemente”. Para José que no haya luz no es un elemento que impida su trabajo. “No vendo hasta demasiado tarde, cuando ya se van las personas recojo mi carreta y regreso hasta los Shyris, ahí si me duele cuando no hay luz porque me toca estar con las velas” dice entre sonrisas. Son las caras de un pueblo que se resiste a perderse en la oscuridad. De un pueblo que piensa que sus males han acabado cuando estos están más latentes que nunca, acechando como ladrones para quitarnos la esperanza. No hay que perder la fuerza, y no hay que dejar de creer que la oscuridad es apenas un obstáculo para probar nuestras ganas de salir adelante. De todas formas a la luz de las vela ocurren las más dulces historias de amor.
|
 |
|
Aunque se prevé el ahorro de la luz para poder contralar el problema, ciertos sectores comerciales, hacen caso omiso a esta disposición.
|
|
|
| |
 |
|
Cuando no hay luz los trabajos manuales son los que están a la orden del día.
|
|
|
| |
 |
|
El motor alumbra la pequeña peluquería que no se da por vencida ante los apagones
|
|
|
| |
|
|
|